Los últimos datos procedentes de la sonda Messenger, que impactó la pasada semana contra la superficie de Mercurio, revelaron que el campo magnético del planeta se formó hace casi 4.000 millones de años, según un estudio publicado hoy en la revista Science.


This image provided by the European Southern Observatory Wednesday Sept. 16, 2009 shows an artist rendition of the first rocky extrasolar planet called Corot-7b. European astronomers confirmed the first rocky extrasolar planet Wednesday. According to scientists the planet is so close to it's sun that its surface temperature is more than 3,600 degrees Fahrenheit, too toasty to sustain life. It circles its star in just 20 hours, zipping around at 466,000 mph. By comparison, Mercury, the planet nearest our sun, completes its solar orbit in 88 days. (AP Photo/ESO) -- MANDATORY CREDIT --

Estas nuevas informaciones suponen un importante paso en la investigación del planeta más cercano al Sol, uno de los más difíciles de analizar por los científicos.

Cuando la sonda Messenger sobrevoló cerca de la superficie de Mercurio, apenas a 15 kilómetros de distancia, el magnetómetro recogió datos de las rocas y que revelaron que el campo magnético es muy antiguo, de entre 3.700 y 3.900 millones de años.

De hecho, el planeta se originó cerca del momento en que se formó la Tierra, que data de hace 4.500 millones de años.

“Los datos científicos obtenidos por estas recientes observaciones son realmente interesantes y lo que hemos aprendido del campo magnético es solo el principio”, explicó Catherine Johnson, científica planetaria de la Universidad de British Columbia de Canadá y autora principal del estudio.

Mercurio es el único planeta en el Sistema Solar, además de la Tierra, con semejante campo magnético; y está originado en el movimiento de hierro líquido en su núcleo.

Messenger, una misión de 450 millones de dólares, fue lanzada en agosto de 2004 y en 2011 se convirtió en la primera sonda en orbitar alrededor de Mercurio, algo especialmente complejo ya que ese planeta se mueve mucho más rápido que la Tierra (una nave espacial debe desplazarse a unos 104.607 kilómetros por hora para alcanzarlo) y además enfrentarse al calor del Sol.

Los datos que ha proporcionado la sonda de la NASA son los primeros que llegan desde las cercanías de Mercurio desde los que envió la Mariner 10, también estadounidense, entre 1974 y 1975/EFE