Es muy fácil, para cualquier dueño o conductor de un autovehículo, agarrar rápidamente un odio al cuidacoches o limpiavidrio que nos “vende” un servicio que no queremos. Al menos eso […]


Es muy fácil, para cualquier dueño o conductor de un autovehículo, agarrar rápidamente un odio al cuidacoches o limpiavidrio que nos “vende” un servicio que no queremos. Al menos eso me pareció conversando con mis alumnos de ingeniería industrial sobre al defensa costera (ver artículo “¿Por qué no se defiende a los bañadenses de las inundaciones?”) que derivó en lo cerca que están estos trabajadores informales de sus lugares de “rebusque”, motivo por el cual ven que será difícil convencer a los bañadenses de mudarse a otros lugares no inundables, si están muy alejados de Asunción.

Es lógico, no queremos pagar por un servicio que no pedimos, pero me dio la sensación que esa rabia no es la misma que sentimos cuando las grandes multinacionales nos cobran por servicios que tampoco pedimos o que no nos dan. Seguros de viajero que nunca vamos a usar, como hacen las tarjetas de crédito, saldos de paquetes de datos que no terminamos de usar, como hacen las telefónicas, micros que nos cobran 3.400 Gs, pero el aire está apagado, como hace el 27. Ejemplos hay a montones.

De los pobres, todo nos da rabia, hasta en qué van a usar la plata que cohesionados o no, les damos. Que un millonario se falopee cocaína con las comisiones que nos cobró no nos da rabia, pero que un pobre pueda tomar cerveza o fume crack con las monedas que le dimos para que lleve pan a su mesa, eso sí nos resulta insoportable. Le doy la razón a los estudiantes, que en su mayoría sienten rabia. Pero mejor que sentir rabia, es que sea una energía para cambiar las cosas.

El capitalismo exacerba el odio de clases –a pesar de acusar a la izquierda de promover “la lucha de clases”-. El pobre –dixit el Capitalismo- es pobre porque quiere, porque es un haragán, y nosotros, la clase media, que no somos muy distintos a los pobres, terminamos odiando a los pobres en vez de odiar las causas que generan la pobreza.

Superar el odio a los pobres es necesario primero, para poder analizar, sin prejuicios ni pre-conceptos, la realidad. Superar el odio es de hecho una tarea humanizadora que nos toca, a quienes tenemos la posibilidad de no dejarnos llevar solamente por ideas absolutas. Ese es el primer paso.

Pero este primer paso no significa quedarnos sin rabia. Lo que necesitamos es canalizar la rabia. Es el segundo paso. La rabia sin canalizar, es como un esteral, ambientalmente un esteral es algo muy útil y necesario, pero en términos metafóricos, moja todo sin distinción. Canalizando la rabia, la llevamos donde más se necesita, mojamos lo que tiene que ser mojado.

Me encanta esta idea porque la aprendí con los campesinos. Ellos decían que el hambre y la pobreza no tenía que llevarles a maltratar a sus mujeres –como es tan habitual en nuestra sociedad autoritaria– sino que esa rabia tenía que ser canalizada para luchar por una vida mejor.

En este caso, nuestra rabia tenemos que canalizarla a las causas de la pobreza, que hacen que aquí existan niños en la calle, cuidacoches, limpiavidrios y no en Bolivia por ejemplo –para no ir más lejos–.

Creo que puede ser un gran alivio no descargar nuestra rabia, en esas personas que son el producto de una sociedad desigual e injusta. Identificar las causas de la pobreza, de la desigualdad, de la injusticia, puede ser mucho más difícil en una sociedad donde constantemente escuchamos sólo la voz de los que tienen mucho poder y dinero para hacerse escuchar.

Pero es el tercer paso y seguramente el más importante. Analizar las causas de la pobreza, si queremos que esa rabia canalizada se pueda convertir en un motor de cambio. Cambiando nosotros y cambiando la sociedad. El debate fue intenso con las y los jóvenes.

Una conclusión interesante fue que los sojeros tienen que pagar más impuestos. Del debate y el diálogo, siempre salen ideas que suman ¿no les parece?

Mercedes Canese
Ingeniera Industrial, ex Viceministra de Minas y Energía (2010-2012), docente universitaria, asesora y consultora en temas de energía e industria