El presidente Horacio Cartes, viaja a París a la Conferencia sobre Cambio Climático (COP21) en la que destacará la alta producción de energía limpia del Estado y la poca contaminación total de gases de un país que afronta el desafío de dejar de ser el sexto del mundo con mayor deforestación.


Cartes hará uso de la palabra en la COP21 después del rey de Marruecos, Mohammend VI, y expondrá “la experiencia del país en la producción de energías limpias a través de sus hidroeléctricas”, según un comunicado de la Presidencia paraguaya.

No en vano, Paraguay, con casi siete millones de habitantes, es el mayor productor de energía per cápita del mundo, un 90 % de la cual proviene de instalaciones hidroeléctricas, por lo que se considera una energía limpia y renovable, según el Gobierno paraguayo.

La mayor parte de esta energía, cuyo excedente se vende a los países de la región, procede de la hidroeléctrica de Itaipú, la de mayor producción del mundo y que Paraguay comparte con Brasil, y la represa de Yacyretá, cogestionada con Argentina.

Itaipú alcanzó la pasada semana los 2.300 millones de megawatios por hora de energía acumulada en 31 años de funcionamiento, muy por encima de grandes represas como la china de las Tres Gargantas, y su producción representa alrededor del 8 % del producto interior bruto (PIB) del país.

Además, sus emisiones de gases contaminantes son bajas en comparación con otros países y se ha comprometido a reducir en un 20 % el volumen de emisiones totales hasta el año 2030, cuando se estima que enviará a la atmósfera 333 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, el 0,3 % del total mundial.

Pese a la baja producción de gases de efecto invernadero, Paraguay mantiene un rápido ritmo de destrucción de la masa boscosa, que es clave para la absorción de gases de carbono y la mitigación de los efectos del cambio climático.

La tasa de deforestación sitúa a Paraguay como el sexto país del mundo con mayor reducción de bosques, con la pérdida de unas 325.000 hectáreas anuales, según la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Según el Gobierno, Paraguay conserva 18 millones de hectáreas de superficie boscosa, de las cuales unos 6 millones son áreas naturales protegidas, mientras que los 12 millones restantes pertenecen a propietarios privados, en su gran mayoría productores agrícolas y ganaderos.

Paraguay es un país en desarrollo sin litoral marítimo, cuya economía está basada en el sector agropecuario que aporta más del 40 % de su PIB, y según su propia Oficina Nacional de Cambio Climático es “altamente vulnerable” a las alteraciones climáticas que puedan perjudicar a la producción agrícola, ganadera y forestal, pues repercuten de forma negativa y directa en su economía.

Paraguay aprobó en 2004 una ley de Deforestación Cero, que rige para la región oriental del país hasta 2018, pero que no afecta a la región del Chaco, declarada reserva de la biosfera por Naciones Unidas y que registra una de las tasas de deforestación más altas del mundo.

La organización ambientalista WWF considera que tanto la región chaqueña como el ecosistema del Bosque Atlántico del Alto Paraná, en la región oriental, deben ser conservados a toda costa debido a su “importancia mundial” para contrarrestar el cambio climático. EFE