Es uno de los principales cementerios de la capital y alberga a decenas de personajes históricos que reposan en panteones deteriorados y escasamente visitados, parte de una memoria colectiva que una asociación quiere rescatar promoviendo visitas nocturnas.


Visitas guiadas en el Cementerio de la Recoleta

“Las personas que visitan el cementerio pueden conocer toda la historia paraguaya a través de los personajes que están aquí”, explicó a Efe Eduardo Nakayama, miembro de la Asociación Cultural Mandua’ra (memoria, en guaraní), organizadora de los recorridos nocturnos.

Entre esos huéspedes se encuentran los restos de alguien que dejó una profunda huella en Paraguay, la francesa Elisa Lynch, esposa del mariscal Francisco Solano López.

Los restos de Madame Lynch fueron trasladados años después de esa guerra desde París, donde la viuda del mariscal se afincó junto a sus hijos escapando del recuerdo de una contienda que dejó destrozado el país sudamericano.

Testimonio de ese conflicto, que enfrentó a Paraguay con la alianza formada por Argentina, Brasil y Uruguay, es también la que fuera tumba del general José Eduvijis Díaz, quien dirigió una de las importantes victorias del ejército paraguayo, la batalla de Curupayty (1867).

Díaz falleció meses después, tras resultar herido durante una misión de espionaje de los bandos contrarios, y sus restos fueron trasladados en 1939 al Panteón de los Héroes, centro de Asunción, donde también están los de Solano López

La Guerra de la Triple Alianza también tuvo consecuencias en el cementerio de la Recoleta, con saqueos y profanaciones de los panteones más lujosos, algunos de los cuales guardaban joyas y objetos de valor que fueron robados.

Pese a esas vicisitudes, el camposanto siguió siendo el último y prestigioso recinto para la eternidad de próceres como los presidentes como Emilio Aceval (1898 – 1902) y Higinio Morínigo (1940 – 1948).

Y de músicos como Herminio Giménez, considerado uno de los pilares de la música paraguaya, o de la primera abogada y feminista del Paraguay, Serafina Dávalos.

Según explican en sus recorridos los guías de Mandua’ra, el cementerio más carismático de Asunción tiene su origen a mediados del XVIII, cuando el terreno fue cedido a los franciscanos recoletos.

Con la independencia de Paraguay, José Gaspar Rodríguez de Francia (1814- 1840) expulsó a las órdenes religiosas y el espacio fue utilizado como caballeriza.

En 1842, durante el mandato de Carlos Antonio López, se decidió que el lugar sería utilizado como cementerio, ya que existía un “hacinamiento” en los patios de las iglesias asuncenas, explicó a Efe Edgar Cáceres, presidente de la Asociación Cultural Mandua’ra.

Se mandó construir la iglesia y se decidió que el terreno adyacente sería destinado a un cementerio, ya que en ese entonces estaba situado justamente en los suburbios de Asunción”, añadió.

A partir de ahí se fueron construyendo panteones con una variedad de estilos, desde el gótico más imponente hasta un clásico sencillo, así como monumentales esculturas de piedra, metal o bronce.

Sin embargo, el escenario actual es otro: vidrios rotos, tumbas abiertas, rajaduras estructurales y estatuas mutiladas que enfatizan el tétrico ambiente de abandono que impera en el cementerio.

“Uno de los objetivos de estos paseos es darle la importancia que se necesita para que se ponga en mejores condiciones”, dijo Cáceres.

El otro es despertar la curiosidad de los ciudadanos hacia la historia, contada a través de los mismos personajes, pero en un formato divertido y ameno.

Durante el recorrido, miembros de la asociación personifican a algunos de los más representativos y a través de ellos, dan vida a sus historias y a lo que representaron.

“Queremos demostrar que hacer un paseo por el cementerio de la recoleta es realmente hacer un paseo por la historia misma del Paraguay”, concluyó.

 

EFE