La crisis griega, que volvió a despertar el temor a una ruptura de la eurozona, ha marcado un año tenso para las diecinueve economías del área de la moneda común, que, a sabiendas de que deben perfeccionar un proyecto imperfecto para evitar más sacudidas, avanzan solo lentamente hacia este objetivo.


El Consejo de Ministros comunitario dio así su apoyo formal al mecanismo para ayudar a Grecia y otros Estados

Las tensas negociaciones con Grecia marcaron ocho largo meses de 2015, un tira y afloja que no había vuelto a verse en Bruselas desde los momentos álgidos de la crisis económica y financiera.

La incomprensión por la postura del otro en ambos campos negociadores amenazó con dejar fuera del euro a un país que, con el líder del izquierdista Syriza, Alexis Tsipras, a la cabeza no quiso someterse a las reglas de los demás, y una eurozona que no quiso o no pudo políticamente aflojar sus exigencias.

No es la primera vez que la palabra “Grexit” aparecía: ya flotaba en el aire a finales de 2011 ante el anuncio de un referéndum sobre el segundo rescate por parte de Yorgos Papandréu, y a mediados de 2012 con unas elecciones griegas que se convirtieron en un plebiscito sobre el futuro de Grecia en el euro.

Pero aquella vez todos los políticos negaron que existiera un plan “B”, a diferencia de lo ocurrido ya en 2015, cuando los ministros hablaron ya abiertamente y en documentos germanos, de planes de contingencia.

Evangelos Meimarakis, líder del partido conservador Nueva Democracia, habla ante los asistentes a un evento de campaña / EFE
Evangelos Meimarakis, líder del partido conservador Nueva Democracia, habla ante los asistentes a un evento de campaña / EFE

El único elemento tranquilizador esgrimido por quienes no veían una tragedia en una hipotética salida de Grecia del euro era el de que durante todos estos años la eurozona había establecido cortafuegos y mecanismos para prevenir los contagios y salvaguardar el área de la moneda única de nuevas catástrofes.

La respuesta de la Unión Bancaria es vista como la gran receta contra futuras sacudidas, pero aún no está completada y algunos países, como Alemania, han puesto el freno este año a un proyecto que la Comisión Europea (CE) y otros quieren impulsar con urgencia.

Berlín considera que antes de compartir los riesgos en nuevas iniciativas como un sistema europeo de garantía de depósito, hay que reducir los mismos y plantear con cuidado cómo y en qué avanzar

El primer pilar de la Unión Bancaria ya está en marcha, el mecanismo único de supervisión, el segundo se hará efectivo el 1 de enero próximo con el mecanismo único de resolución, y el tercer pilar, el sistema europeo de garantía de depósitos, ha sido propuesto en la recta final del año por la CE.

Un manifestante ondea una bandera de la Unión Europea y de Grecia durante una manifestación a favor de la zona euro al frente del Parlamento Griego en Atenas / EFE. Archivo
Un manifestante ondea una bandera de la Unión Europea y de Grecia durante una manifestación a favor de la zona euro al frente del Parlamento Griego en Atenas / EFE. Archivo

Eso sí, ante las reticencias de algunos países como Alemania, se hará por fases y solo gradualmente.

Las divergencias que se observan actualmente entre los países de la eurozona suponen un punto débil para toda la UE.

Así se argumenta desde Bruselas en el informe “Realizar la Unión Económica y Monetaria europea”, publicado en junio.

Los líderes de la CE, Jean-Claude Juncker; del Consejo, Donald Tusk; del BCE, Mario Draghi; de la Eurocámara, Martin Schulz; y del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, consideran que se deben corregir estas divergencias e iniciar un nuevo proceso de convergencia.

Proponen avanzar en cuatro frentes

En primer lugar hacia una Unión Económica auténtica que garantice que cada economía dispone de las características estructurales que le permitirán prosperar dentro de la Unión Monetaria.

En segundo hacia una Unión Financiera que garantice la integridad de la moneda y aumente el reparto de riesgos con el sector privado, lo que significa completar la Unión Bancaria y acelerar la Unión de los Mercados de Capitales.

En tercer lugar, hacia una Unión Presupuestaria que proporcione sostenibilidad y estabilización presupuestarias, y por último, hacia una Unión Política que siente las bases de estas tres Uniones a través de un reforzamiento auténtico del control democrático, de la legitimidad y de las instituciones.

La idea es completar la Unión Económica y Monetaria a partir de este año y hasta 2025 en diferentes fases y con proyectos nada fáciles de lograr, como un futuro Tesoro de la zona del euro.

En 2015 la CE ya ha propuesto un sistema de autoridades de competitividad de la eurozona, un Consejo Fiscal Europeo consultivo, el sistema europeo de garantía de depósito y la reactivación de las titulizaciones en la Unión de Mercados de Capitales.

Así, y con el fantasma de un “Grexit” aún en la memoria, en 2016, los países tendrán que decidir si quieren avanzar en la primera fase que se inició en julio y durará hasta el 30 de junio de 2017.

Céline Aemisegger – EFE

https://www.youtube.com/watch?v=ZqC4DeP5jGU