Tras los atroces ataques terroristas del pasado 13 de noviembre en París, Europa está conmocionada. Lo que parecía una noche de viernes como cualquier otra terminó bañada en sangre, dejando […]


Tras los atroces ataques terroristas del pasado 13 de noviembre en París, Europa está conmocionada. Lo que parecía una noche de viernes como cualquier otra terminó bañada en sangre, dejando 129 muertos y más de 350 heridos. Pero Europa también está confusa. Poco tiempo después, en respuesta a los atentados, Francia decide unilateralmente bombardear Siria. La confusión se entiende. Nos encontramos aquí ante dos fenómenos complejos que se entrelazan. Por un lado, está la guerra en Siria, y por otro, el Estado Islámico (ISIS).

La violencia en Siria se desató hace ya cuatro años, pero la luz de un final parece hoy lejos de vislumbrarse. Países como Rusia, Turquía, Estados Unidos e Irán, entre otros, han participado en el conflicto para interferir en el transcurso de los acontecimientos, ya sea financiando, otorgando armamento, entrenando a soldados o interviniendo militarmente. El ISIS por su parte constituye uno de los grupos terroristas religiosos que más terreno ha ganado en los últimos años. Territorialmente se encuentra en Iraq y Siria pero su influencia no conoce fronteras. Sabemos que matan al grito de “¡Allah es grande!” y tenemos alguna noción de sus creencias. Indudablemente, las raíces ideológico-religiosas que sustentan todo este entramado internacional son mucho más profundas que un mero lema de guerra. Resulta que el Estado Islámico se encuentra luchando en Siria contra el régimen de Bashar Al-Asad, quien gobierna desde hace 15 años el país, tras suceder a su padre.

Las llamadas “potencias mundiales” no se ponen de acuerdo. Mientras países como Rusia, Irán y China apoyan a Al-Asad, Reino Unido y Estados Unidos exigen que abandone el poder. Francia se encontraba en este último grupo. Sin embargo, tras los atentados, su postura respecto al régimen de Al-Asad no está clara puesto que la posibilidad de que luche contra el ISIS junto a “el verdugo”, en sus propias palabras, está ahora abierta. Es en esta amalgama que las bombas han empezado a caer en suelo sirio. ¿Pero qué opina la sociedad europea?

Ante la decisión inmediata de bombardear Siria, no han faltado ni quienes aplauden ni quienes se llevan las manos a la cabeza. ¿Es la respuesta adecuada?, ¿Es legítima la actuación de Francia? son algunas de las preguntas que emergen. Los partidarios de la intervención militar afirman que “estamos en guerra” y que se trata de una “legítima defensa”. Los que se oponen consideran que responder a la violencia con violencia sólo trae más muertes y sufrimiento para la sociedad civil.

Rechazar de manera automática cualquier tipo de actuación militar no parece razonable. Pero dar una respuesta en caliente tampoco lo es. Sobre todo teniendo en cuenta que incluso entre los partidarios de la intervención militar, ya hay quienes han apuntado a la inutilidad de los ataques aéreos. El terrorismo es una nueva forma de violencia que no puede ser combatido con viejas estrategias y armas. Hoy más que nunca necesitamos nuevas soluciones. ¿Entonces, qué hacer? ¿Es inevitable la intervención militar? ¿Si se interviene, cómo hacerlo? No hay soluciones fáciles. Lo que sí es indispensable para dar una respuesta coherente y eficaz es: primero, análisis; segundo, coordinación.

Antes de comenzar una nueva aventura militar, no podemos olvidar los fracasos en Afganistán e Iraq. Lejos de erradicar el terrorismo, la intervención no ha hecho más que fortalecer los movimientos radicales. Según el Global Terrorism Index, en 2014 el número total de muertes por ataques terroristas ha crecido en un 80% respecto al año anterior. La tendencia es ascendente desde el 2000, año en el que empezó a elaborarse este informe anual. La realidad se impone y muestra que lo hecho hasta ahora no es efectivo. Merece la pena analizar, reflexionar y debatir soluciones más realistas. ¿Lograrán los bombardeos u otras medidas militares contribuir al fin del fundamentalismo terrorista? Todo apunta a que no. El primer ministro de Francia Manuel Valls ha declarado que “responderemos con el mismo nivel que los ataques perpetrados”. Una respuesta emocional, apresurada y no integral no puede más que empeorar la ya de por sí delicada situación.

Una red terrorista como el Estado Islámico no puede ser desmantelada sin coordinación transnacional. La situación actual en Siria muestra nítidamente la disparidad de intereses y la incapacidad de acercar posturas entre diversas fuerzas mundiales. Parece que los líderes políticos se están reuniendo ahora para debatir y elaborar una estrategia en común. El debate será arduo, pero el diálogo no puede posponerse.

Algunos estudios ya apuntan al escandaloso número de víctimas civiles en este conflicto, donde se estima que en torno a un 27% de los muertos en los bombardeos son menores[1]. Lo único que no podemos perder de vista es que el recurso a las armas debe hacerse sólo como método de defensa y siempre como última opción. No podemos olvidarnos de todas las personas inocentes que viven allá. Pensar que no habrá muertes de niños, mujeres y hombres que nada tienen que ver con este conflicto es una entelequia. Que cada uno haga su propio juicio.

 

[1] El estudio ha sido realizado por expertos en desastres y lo ha publicado la British Medical Journal. Han usado datos del Centro de Documentación de Violaciones de Siria (VCD).

http://elpais.com/elpais/2015/09/29/ciencia/1443551966_191417.html