El todopoderoso Mahinda Rajapaksa sufrió una estrepitosa derrota en las urnas que le sacó del poder tras diez años y llevó a la presidencia a Maithripala Sirisena, con la promesa de poner fin a la corrupción y abrir una comisión de la verdad que permita a Sri Lanka pasar página tras la guerra con los tamiles.


El cambio en 2015 comenzó pronto, el 9 de enero, cuando, contra todo pronóstico, Sirisena se proclamó vencedor de las elecciones, unos comicios que Rajapaksa había adelantado dos años convencido de que tenía suficiente capital político como para aspirar a un tercer mandato.

Sirisena se convirtió en el séptimo presidente de Sri Lanka tras erigirse como candidato de unidad de la oposición con el Nuevo Frente Democrático (NDF), que aglutina unos 40 partidos, después de ocupar la secretaría general del Partido de la Libertad (SLFP) de Rajapaksa.

Rajapaksa, el “diablo conocido”, como se presentó durante la campaña electoral, sucumbió en las urnas ante una ola creciente de críticos que le recriminaban que Sri Lanka iba camino de una dictadura en la que “toda la economía y cada aspecto de la sociedad (estaban) controlados por una familia”, según dijo Sirisena.

Entre las decisiones tildadas como autoritarias por sus detractores se hallaban la creación de una Presidencia Ejecutiva con más poderes de los previstos por la Constitución y atribuciones para controlar órganos independientes.

“Fortaleceré la democracia y la libertad y construiré una mejor ética social”, proclamó Sirisena tras ser proclamado vencedor.

Su victoria fue bendecida días después con la visita oficial al país del papa Francisco, que disfrutó de una gran acogida a pesar de que Sri Lanka es un país eminentemente budista y donde los católicos representan solo el 6,2% de la población.

Algunos cambios no tardaron en materializarse en la antigua Ceilán.

El 22 de abril el hermano menor del expresidente, Mahinda Rajapaksa, fue detenido por supuesta malversación de fondos públicos, y tan solo seis días después el Parlamento sinalés aprobó una enmienda constitucional que limitaba los poderes del presidente.

Además se produjo un giro en la política exterior, terminando con la política pro-china de Rajapaksa en un país clave en el Índico para las rutas comerciales marítimas y abriéndose a otros países vecinos como la India o a Occidente, con Estados Unidos a la cabeza.

Esa “revolución silenciosa” continuó en agosto, cuando el gubernamental UNP ganó las elecciones legislativas de Sri Lanka, en las que Ranil Wickremasinghe fue proclamado primer ministro.

Asentado el panorama político en Sri Lanka y confirmado el cambio de rumbo, Naciones Unidas presentó a mediados de septiembre un informe, varias veces aplazado, sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas en la isla durante el final de la guerra civil.

Esa guerra enfrentó al Gobierno ceilanés con la guerrilla de los Tigres de Liberación de la Patria Tamil (LTTE), que reclamaban la independencia del norte de la isla para la minoría tamil e hindú en un país de mayoría cingalesa y budista, y que dejó en 26 años de conflicto entre 60.000 y 100.000 muertos.

El informe de la ONU cubrió de 2002 hasta 2009, cuando Rajapaksa puso fin a la guerra durante una controvertida ofensiva, y los primeros años de posguerra.

En él se revelaron evidencias, “de forma muy contundente”, sobre “graves violaciones” de los derechos humanos cometidas por las dos partes, que suponen “crímenes de guerra y contra la humanidad”.

En la investigación se enumeraron crímenes que van desde la desaparición de personas, violaciones, agresiones sexuales y torturas, hasta el reclutamiento forzoso de niños y asesinato de civiles.

Días después de darse a conocer el informe, el primer ministro Wickremasinghe anunció una comisión de la verdad sobre esos supuestos crímenes de guerra cometidos durante la guerra civil, aunque sin la presencia internacional propuesta por Naciones Unidas.

“El Gobierno establecerá una comisión de busca de la verdad, la justicia, la reconciliación y para prevenir una situación de conflicto”, declaró Wickremasinghe.

Ranga Sirial – EFE