Fabrice Nicolino, uno de los supervivientes del ataque que causó 12 muertos, relata el atentado -llevado a cabo por los hermanos Said y Cherif Kouachi- con un tono entre desenfadado, humorístico, emocionado y con rabia.


"Charlie Hebdo" hace su crónica del atentado en su número del aniversario.

“Es abominablemente triste y en parte tan divertido que no sabemos por qué lloramos”, ironiza Nicolino en su artículo, ilustrado con un dibujo en el que aparece el director de la publicación, Stéphane Charbonier, “Charb” -uno de los asesinados-, en una mesa con todos sus compañeros a los que dice: “os lo digo de verdad: vamos a seguir divirtiéndonos juntos mucho tiempo”.

En la mañana del atentado, los dibujantes y periodistas de “Charlie Hebdo” se habían enfrascado en una gran discusión sobre “los jóvenes franceses que eligen la yihad” (la guerra santa), con dos opiniones opuestas y “virulentas”.

Unos responsabilizaban -recuerda Nicolino- a la sociedad francesa de haber creado esos jóvenes integristas, mientras otros hacían notar que se han gastado miles de millones de euros en los barrios conflictivos de donde proceden la mayor parte de esos radicales, sin resultados.

La reunión de la redacción quedó interrumpida con la irrupción de los hermanos Kouachi, encapuchados y armados con armas largas, que después de haber matado a un empleado de mantenimiento del edificio, tomaron como rehén a una de las dibujantes de la revista, Coco, para que les llevara hasta la redacción.

Coco explica que subió hasta la segunda planta y allí “paralizada”, “con sus kalashnikov en la espalda, (marcó) el código (de la puerta) como una autómata” y los terroristas empezaron a disparar.

Sigolène, otra de las supervivientes presente en la redacción, indica que cuando tuvieron delante a los hermanos Kouachi, los que estaban en torno a la mesa se miraron: “me crucé con la mirada de ‘Charb’ y creo que había entendido” lo que pasaba.

Luz, uno de los dibujantes, dice que había llegado tarde a la revista porque ese día era su cumpleaños y “lo había celebrado en la cama con mi mujer, dos galletas y una vela. Para (excusarse por (su) retraso, había comprado un roscón de Reyes” y cuando se acercaba al edificio le advirtieron de que no entrara porque había una toma de rehenes.

Luz señala que vio entonces salir a los dos terroristas: “los vi caminar hacia atrás, con pasos de bailarín, como en una especie de coreografía. Estaba de piedra, concentrado en lo absurdo de la dimensión gráfica que veía”.

Cuando penetró -señala- un policía le dijo que no fuera a la sala de redacción para no quedarse con la imagen de la carnicería, y desde donde estaba señala que “no vi más que sus culos. El culo de mis amigos muertos”.

El número especial del aniversario de atentado ha salido a los quioscos con una tirada de un millón de ejemplares con dibujos de algunos de los fallecidos y un editorial de su actual director, el dibujante Laurent Sourisseau, conocido como “Riss”, en el que carga contra todos los que han intentado matar la publicación, sin éxito, en particular contra los fanáticos religiosos.

“El año 2015 -escribe Riss- fue el año más terrible de la historia de ‘Charlie Hebdo’, porque hizo sufrir el peor suplicio para un periódico de opinión: poner a prueba nuestras convicciones. ¿Eran suficientemente fuertes para darnos energía y levantarnos?

“Tiene la respuesta entre sus manos -concluye Riss en dirección de los lectores-. Las convicciones de los ateos y de los laicos pueden mover todavía más montañas que la fe de los creyentes”. EFE