Profusamente los medios de prensa estimulan la donación de artículos para los damnificados (más de 100.000 en Asunción) de la inundación del río Paraguay, sumados a autoridades, organizaciones ciudadanas y […]


Profusamente los medios de prensa estimulan la donación de artículos para los damnificados (más de 100.000 en Asunción) de la inundación del río Paraguay, sumados a autoridades, organizaciones ciudadanas y religiosas. La solidaridad se palpa, pero no se avizora una solución definitiva.

 

Las inundaciones, que afectan también a Brasil, Argentina y Uruguay, no han generado tantos damnificados en estos países por una cuestión simple: existen defensas costeras seguras en ciudades como Resistencia, Formosa y Clorinda, entre otras, funcionando relativamente bien.

 

En el Paraguay también están protegidas las ciudades de Concepción, Pilar y Alberdi; ésta última en  forma más precaria. La solución, como anunciaron, será reconstruir la defensa (en Alberdi). Hay que puntualizar que, antes de la construcción de estas defensas (en la década de 1990), tales ciudades se inundaban totalmente, como ocurrió durante la creciente de 1983. Hoy están protegidas lo mismo que Resistencia, Formosa y Clorinda, si bien con las limitaciones del sistema de defensa costera, consistente en compuertas a las salidas de los cauces y estaciones de bombeo, para evacuar el agua de arroyos, de lluvia y de filtración. Como Formosa es una defensa segura –bien hecha– los alberdeños se refugian allí.

 

En ningún caso se plantea el relleno como, sin embargo, es la solución elegida en Asunción por algunos técnicos y autoridades. ¿Por qué no se plantea el relleno en Alberdi, Pilar, o Concepción? Por una cuestión muy simple: el relleno es inmensamente más caro, prohibitivo. De hecho, en países del primer mundo, como Holanda –que tiene 10 millones de habitantes que viven en zonas inundables– y los EEUU (toda Nueva Orleans), tampoco proponen el relleno sino mejorar el sistema de defensa costera. ¿La razón? Ellos, los países ricos, tampoco tienen dinero para malgastar.

 

Aquí, en Asunción, con una terquedad que no tiene explicación científica, algunos técnicos insisten en el relleno y desechan la defensa costera. ¿Son mejores que los yankis, holandeses o argentinos?

 

El relleno ya se puede ver en la Avenida Costanera. Luego de gastar unos 100 millones US$ hay  pocas familias (150) que han sido beneficiadas con pocas viviendas, muy lindas. Valen mucho más que una vivienda de lujo –sin ser de lujo–, si se cuenta el costo del relleno y del nuevo barrio. El resultado es que la solución alcanzó para el 5% de la población afectada y que la mayor parte de la población de la Chacarita sigue viviendo en zonas inundables, la cual volvió a sufrir ahora el drama de la creciente del río, lo mismo que las demás familias de los bañados Norte, Sur y Tacumbú.

 

La avenida costanera que ya está construida, desde el Puerto hasta la Av. Gral. Santos, es, en verdad, una descomunalmente segura defensa costera. No tiene nada que ver con la precaria defensa de Alberdi, un estrecho muro por donde no debían circular vehículos; tal circulación la deterioró. La avenida costanera está diseñada para que circulen vehículos sin problemas y tiene un ancho descomunal, que impide casi por completo todo tipo de filtración.

 

¿Qué falta para que la avenida costanera actúe como defensa costera? Ponerle compuertas en los sitios de salida de los raudales, su canalización previa y estaciones de bombeo que mantengan seco el sitio donde la gente está viviendo, la Chacarita baja, para que pueda seguir viviendo allí, sin tener que mudarse con cada inundación. Cada mudanza tiene un costo económico y humano gigantesco. Si tales compuertas, canales y estaciones de bombeo se hubieran construido, hoy tal inversión estaría totalmente pagada apenas con lo que se habría ahorrado el Estado al no tener que reubicar y proveerle servicios a tantas familias. No habría campamentos de damnificados, ni conflictos entre vecinos que no los quieren y damnificados que no tienen dónde ir.

 

El problema –como en muchos otros aspectos de nuestra realidad– es de falta de auténtica solidaridad y no técnico. Lo que ocurre es que ciertos “técnicos” y autoridades, que se oponen a la defensa costera, en realidad no quieren que las familias de la Chacarita y de los bañados sigan viviendo donde están viviendo. Les molesta ver pobres en el centro de la ciudad; creen que allí está la delincuencia, cuando que ésta está, en realidad, a mucho mayor escala, en barrios más finos y hasta exquisitos, si bien de “guante blanco”. Además, la pequeña delincuencia se mitiga con trabajo y promoción social, no marginando a familias pobres a las afueras de la ciudad.

 

¿Cómo podrían dejar de haber damnificados en Asunción? Simplemente canalizando raudales y arroyos e instalando compuertas y estaciones de bombeo a la costanera ya existente, y en la costanera Norte (y luego Sur) a construir. Estudios técnicos demuestran que con menos del 5% de lo que ya se gastó, o de lo que se va a gastar, las avenidas costaneras construidas, o a construirse, perfectamente podrán actuar como formidables defensas costeras.

 

La “solución” del relleno es una utopía de altísimo costo, que no la implementaron en Nueva Orleans ni en Holanda, menos en Resistencia, Formosa, Clorinda, Concepción, Pilar o Alberdi. Es seguir mintiéndole a la gente. Es como prometer regalar a todos los pobladores de lo bañados un Mercedes Benz de lujo. Suena muy lindo –hasta progresista– pero es una mentira, pues no hay recursos para regalar lujo. Lo que se puede regalar es una motocarga (la defensa costera), no un vehículo de lujo (barrios nuevos en sitios rellenados a altísimo costo), que cuesta 30 veces más.

 

No se debe mentir, prometiendo lo imposible (¡ya pasaron las elecciones!). Lo factible, como demuestran las experiencias de Holanda, Nueva Orleans, Resistencia, Formosa, Clorinda, Concepción, Pilar y Alberdi es gastar apenas 5% de lo ya gastado (o a gastar) en las avenidas costaneras y convertir a éstas en formidables y segurísimas defensas costeras.

 

La solidaridad real es la que ataca las causas del problema social, la que enseña a pescar y no la que solamente da el pescado. Hoy, la mayoría de los asuncenos estamos todos muy motivados, alentados por los medios masivos de comunicación, a DAR EL PESCADO, cuando que la solidaridad debería expresarse ENSEÑANDO A PESCAR. Es decir, debemos presionar todos juntos, damnificados y no damnificados, para que el gobierno implemente la mejor solución de fondo, sin demagogia, para que la costanera se transforme en una formidable defensa costera y los pobladores de la Chacarita y de los bañados nunca más sufran los efectos de una inundación, como exige su organización más representativa, la Coordinadora de Pobladores de los Bañados (COBAÑADOS).

 

 

Ricardo Canese
Parlamentario del Mercosur y ex Coordinador de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos (2008-2012).