La actual imagen de los molinos de viento, formados por grandes aspas giratorias, podría evolucionar hacia un panorama de "bates de béisbol invertidos" que se despojan de sus aspas y oscilan sobre sí mismos para generar energía eólica.


Imagen de molinos de viento facilitada por el Fondo de Emprendedores de la Fundación Repsol. EFE

La reducción de la materia prima utilizada y de su huella de carbono en la instalación, fabricación y mantenimiento de este nuevo prototipo, la ausencia de ruido y la disminución de los accidentes de los pájaros son algunas de las ventajas medioambientales de este proyecto.

David Suriol, uno de los fundadores y responsable de negocio de Vortex Bladeless, la empresa que los fabrica, ha explicado a EFEverde que estos molinos de viento “aprovechan los efectos físicos de los conocidos como vórtices de Von Kármán“: remolinos que se producen al colocar una estructura frente a un viento constante y que generan una oscilación similar a como cuando ondea una bandera.

“Arquitectos e ingenieros tratan de evitar estos vórtices porque entienden que pueden hacer caer la estructura”, señala al recordar el puente de Tacoma Narrows (EEUU) “que en 1930 empezó a oscilar por el flujo del viento y se vino abajo…, pero nosotros vimos que ahí hay mucha energía y queremos aprovecharla”.

Además, “son como macetas” porque “tienen todo el peso abajo mientras que los aerogeneradores convencionales lo sufren arriba, por lo que ejercen mucha presión”: por ello, “apenas tenemos corrosión o gastos de mantenimiento”.

Estos “bates de béisbol invertidos” poseen dos vías diferentes para convertir la energía cinética primero en mecánica y luego en eléctrica: el material piezoeléctrico “que genera energía a partir de la oscilación” y la inducción electromagnética, “gracias a un alternador convencional”.

El primer aerogenerador de este tipo estará probablemente disponible en el mercado en dos años, con aproximadamente 12 metros de altura y capacidad de producir una energía de unos cuatro kilovatios, “lo que contrata normalmente una casa en Europa”.

El siguiente paso será presentar uno más grande, de unos 100 metros y capaz de generar un megavatio: el prototipo precomercial será una realidad en tres años.

A largo plazo, uno de los objetivos de Vortex Bladeless pasa por las instalaciones marinas: son “el entorno ideal” para esta tecnología porque “el viento es el mejor, el flujo laminar es constante y además existe la facilidad de fabricar al lado de la costa”.

Por esta razón hay más posibilidades de probar en EEUU, Canadá o China, donde el mercado de la minieólica es “muy potente” o bien en otros países que apoyan el desarrollo de la energía eólica, que crece a un ritmo anual del 10 % de media mundial.

Tras reconocer que esta tecnología “no pretende competir con la eólica convencional, por su recorrido y desarrollo“, Suriol apuesta por “llegar a aquellos sitios donde ésta no es rentable”.

EFEverde