Enfermedades por parásitos, abusos sexuales o situaciones de violencia son algunos de los riesgos que acechan principalmente a los niños afectados por las inundaciones que obligaron a salir de sus hogares a 100.000 personas.


Niños en los refugios de Asunción.

Familias enteras con hijos menores de edad, que en diciembre fueron expulsadas de sus viviendas por la crecida del río Paraguay, residen desde entonces en refugios ubicados en recintos militares o espacios públicos de la capital, donde se instalaron formando pequeñas ciudades de casas precarias construidas con madera y chapa.

En uno de estos refugios, el RI14, ubicado en un predio militar próximo a uno de los barrios ribereños de Asunción, la ONG Plan instaló varias carpas que pretenden servir como espacios seguros para los niños, donde mediante el juego se les ofrece formación para evitar riesgos.

En muchos casos, las familias no tienen la posibilidad de asentarse todos juntos en un mismo refugio y los niños presentan síntomas de depresión o estrés, pero carecen de las herramientas necesarias para canalizar estos sentimientos.

Los menores que residen en refugios también están más expuestos a padecer abusos sexuales, por lo que los trabajadores de Plan enseñan tanto a los padres como a los niños a prevenir, detectar y denunciar este tipo de situaciones.

La violencia es otro de los elementos que deben enfrentar los menores, que a menudo son testigos de hechos violentos y terminan por reproducir estas conductas en su relación con otros niños, dijo a Efe Elisa Chávez, quien trabaja en un espacio infantil seguro organizado por Plan en el refugio RI14.

Las madres también reciben consejos para promover la lactancia, una práctica que en situaciones de estrés como las inundaciones se puede ver interrumpida.

El objetivo final de todos estos esfuerzos es el de continuar atendiendo las necesidades de los niños, que son “los más vulnerables en situaciones de catástrofes y desastres”. EFE