Del total de fallecidos en 2015, 328 perecieron fuera de los centros de detención: 175 fueron "liquidados" -según la terminología empleada por las autoridades- en circunstancias sin identificar; y otros 50 en enfrentamientos con la policía en las calles de Egipto.


La situación de seguridad se ha deteriorado en Egipto desde la revolución de 2011

El maltrato, la tortura y la muerte a manos de las fuerzas de seguridad no es algo novedoso ni desconocido en Egipto, pero los recientes casos muestran una tendencia al alza y sistemática, según denuncia el Centro Al Nadim de asistencia a las víctimas de la violencia.

En un informe publicado esta semana, en el que se recogen todos los casos aparecidos en la prensa local en 2015, la organización contabilizó 474 muertes de personas supuestamente a manos de las fuerzas de seguridad, lo cual indica, según la ONG, que no son “casos aislados”.

“Hay una tendencia al alza y sistemática”, explicó a Efe la autora del informe, Aida Seif al Daula, que señaló que probablemente los casos son muchos más, pero no salieron a la luz.

Mientras, 137 personas murieron en centros de detención: 81 de ellos perdieron la vida al no recibir tratamiento médico y otros 39 por torturas.

Seif al Daula agregó que la mayor parte de esos fallecidos son prisioneros políticos y que existe una “política sistemática” de “dejar morir” a los enfermos porque a las autoridades “no les importa y nos los quieren” mantener con vida.

Asimismo, Al Nadim recopiló hasta 700 casos de maltrato o tortura de detenidos, principalmente en cárceles y comisarías, pero también en otras circunstancias, como durante los arrestos o en los tribunales.

Sin embargo, el portavoz del Ministerio del Interior, general Ayman Helmy, negó en declaraciones a Efe que hayan muerto detenidos por torturas en las cárceles egipcias y subrayó que los que fallecieron en 2015 fue por “muerte natural”.

Asimismo, el portavoz destacó que el gubernamental Consejo Nacional de Derechos Humanos supervisa las cárceles del país, en las cuales “se presta asistencia médica a los detenidos y se respetan los derechos humanos”.

“Niego completamente que haya ningún tipo de tortura en las cárceles (egipcias). La tortura es un crimen y si los agentes u oficiales cometen este crimen van a ser juzgados por ello”, remachó Helmy.

Algunos miembros de las fuerzas de seguridad han sido condenados recientemente, como dos oficiales que fueron sentenciados en diciembre a cinco años de cárcel por su implicación en la tortura y muerte de un abogado en una comisaría de El Cairo.

Aún así, la mayor parte de estos crímenes suelen permanecer impunes en Egipto, donde existe una larga tradición de abusos por parte de los aparatos de seguridad.

El último ciudadano muerto a manos de la policía fue el ginecólogo Mohamed Awad, de 30 años de edad, tiroteado en la calle, el momento de su detención, en la localidad de Al Fayum, al sur de la capital egipcia, el pasado fin de semana.

Las autoridades lo relacionaron con el grupo opositor e ilegalizado de los Hermanos Musulmanes, mientras que el Sindicato de Médicos local rechazó el uso excesivo de la fuerza que llevó a su muerte.

Los Hermanos Musulmanes, duramente reprimidos desde que fueron derrocados en el golpe de Estado militar de julio de 2013, han denunciado desde entonces las “ejecuciones extrajudiciales” de varios sus miembros, así como la tortura en las cárceles de Egipto, donde muchos islamistas han muerto tras no recibir asistencia médica.

Pero no sólo los opositores han sido víctimas de la violencia, sino que en los últimos meses varios ciudadanos de a pie han fallecido golpeados o tiroteados por la policía en distintas ciudades de Egipto.

En noviembre de 2015, un veterinario de la ciudad de Ismailiya, en el Canal de Suez, perdió la vida supuestamente por los golpes de un agente dentro de una farmacia, y un conductor murió cuando se encontraba en dependencias policiales en la localidad turística de Luxor.

El Gobierno ha rechazado reiteradamente las acusaciones de las organizaciones de derechos humanos locales e internacionales, así como de los familiares de las víctimas, pero se ha visto obligado a ofrecer explicaciones ante estos últimos casos.

El propio presidente Abdelfatah al Sisi tuvo que dar la cara y, en un discurso ofrecido en diciembre ante cadetes de la Policía, dijo que los “excesos” registrados en las comisarías son “casos aislados” y no deben manchar la labor de toda la institución.

Al Sisi pidió que las “irregularidades” en algunas comisarías o cometidas por algunos agentes no se “generalicen a todo el cuerpo” policial, cuya reputación ya está manchada.

Francesca Cicardi – EFE