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A Robert Akito lo intentaron exorcizar. Su madre decía que era un espíritu lo que le dejaba sin fuerzas, le retorcía el cuerpo y que incluso le hacía vomitar espuma. Un día conoció al doctor que pudo conjurar su maldición y le recetó pastillas contra la epilepsia.


Esta enfermedad neurológica, que celebra hoy su Día Internacional, es la cuarta más común en el mundo y la más extendida en países africanos como Kenia, donde sin embargo sigue considerándose una obra de las fuerzas oscuras.

Lejos de lo sobrenatural, el origen de las enfermedades que predisponen al cerebro para generar convulsiones, y que llamamos “epilepsia“, es genético o procede de alguna lesión.

En las aldeas, en el campo, incluso en las grandes ciudades, los epilépticos kenianos tienen que lidiar sin apenas recursos médicos con esta enfermedad, pero sobre todo con la marginación y el estigma.

Los niños son los más perjudicados por creencias esotéricas que llevan a sus madres a no dejarles ir al colegio o a encerrarlos en casa por vergüenza a que la gente vea su extraño comportamiento, incluso atándolos con cadenas.

Este tipo de conductas termina agravando su daño cerebral, de modo que los enfermos continúan sufriendo ataques que podrían ser fácilmente controlados con medicamentos.

Cuando se enteran de que tienen epilepsia, “entran en estado de shock”, pero mejoran en cuando comienzan a medicarse, ya que sus ataques disminuyen y aprenden a reconocer los síntomas.

Sin embargo, muchos no llegan a entender que su condición es crónica y que, por mucho tiempo que hayan estado tomando fármacos, las convulsiones volverán si dejan de tratarse.

Un millón de personas sufre epilepsia en Kenia. La prevalencia de otras enfermedades como la malaria, los rasgos genéticos y, sobre todo, la falta de acceso a tratamiento y las actitudes sociales hace que unas regiones presenten más casos que otras.

El sistema sanitario keniano, como el de la mayoría de países africanos, es incapaz de atender a todas las personas con epilepsia, especialmente en las zonas rurales, donde hasta un 80 % de los enfermos no tiene acceso a medicamentos.

No en vano, de los 65 millones de personas que sufren epilepsia en todo el mundo, el 80 % viven en países en desarrollo.

Coincidiendo con el Día Internacional de la Epilepsia, que se celebra hoy por segunda vez, el cineasta keniano Tim Mwaura estrena el documental “Subira” (“Paciencia” en suajili) en Nairobi.

Akito es uno de los que cuentan su historia en este largometraje, el primero que demuestra que los epilépticos kenianos no son demonios ni locos y que pueden llegar a ser tan exitosos como Bernice Mugambi, la guapa miss Universidad de Nairobi, que también padece esta enfermedad. EFE