El Kremlin invitó públicamente a las compañías extranjeras a participar en la privatización de sus principales activos, aunque el paquete de control de esas corporaciones estratégicas debe permanecer siempre en manos del Estado ruso.


El presidente de Rusia, Vladímir Putin.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha tenido que rendirse a la evidencia de la recesión y ha dado la orden de aprobar un plan de privatizaciones que amenaza el modelo de capitalismo de Estado que impera en este país.

Además, Putin puso como condición que los interesados presenten un plan detallado de desarrollo a medio y largo plazo, y que se comprometan a mantener los activos en territorio ruso, es decir, nada de paraísos fiscales.

El presupuesto para este año contempla apenas 33.000 millones de rublos (unos 430 millones de dólares) en ingresos por privatizaciones, aunque el Ministerio de Finanzas apuesta por llevar esa cifra hasta el billón de rublos (13.000 millones de dólares).

“Vemos un enorme interés entre los inversores extranjeros. Ahora, los activos rusos están minusvalorados (por la depreciación del rublo), lo que ha aumentado la demanda”, dijo Alexéi Uliukáev, ministro de Economía ruso.

El problema es que la caída de los precios del crudo ha provocado también un dramático descenso de la capitalización de los principales activos energéticos rusos, como la gasística Gazprom (40.000 millones de dólares) o la petrolera Rosneft (36.000 millones).

Putin destacó la importancia de que el proceso de privatización sea transparente, pero por el momento el secretismo es la norma, ya que lo único que se sabe es que los directores de Aeroflot, Rosneft y el banco VTB acudieron a la cita con el presidente ruso.

El titular de Finanzas, Antón Siluánov, representante del ala liberal del Gobierno, propuso empezar por Rosneft, la mayor petrolera del país y, según los analistas, la más ineficaz.

Aunque, días después el ministro de Economía, Alexéi Uliukáev, explicó que, en realidad, se trata de Rosneftgaz, la compañía que posee el 69,5 % de las acciones de Rosneft y el 16,74 % de Gazprom.

Sólo la privatización del 19,5 por ciento de Rosneft podría permitir al Estado ruso embolsarse unos 6.000 millones de dólares.

No obstante, su presidente, Ígor Sechin, estrecho colaborador de Putin, siempre se ha negado a vender acciones al mejor postor, más aún a bajo precio y a compañías extranjeras.

El mayor banco ruso, Sberbank, no figura en la lista, ya que Putin considera su venta prematura, pero sí VTB (Vneshtorgbank), aunque el Estado conservará al menos el 50 por ciento de las acciones.

“La situación del presupuesto ruso es difícil, pero no crítica. Aún no ha llegado la hora de vender la plata familiar”, comentó un directivo bancario a medios locales.

Otros candidatos a la privatización en la primera fase del programa es la petrolera Bashneft, uno de los mayores fabricantes de productos petrolíferos de Rusia, y Helicópteros de Rusia, donde los extranjeros ya negocian la compra de un 25 por ciento.

No obstante, quizás el bocado más apetitoso sea ALROSA, el mayor productor de diamantes del mundo con minas y yacimientos en Siberia, la parte europea de Rusia y África.

Otra corporación que está en la lista de espera, según Uliukáev, y que ha despertado mucho interés es Ferrocarriles de Rusia, que controla una de las mayores líneas férreas del planeta.

La mayor aerolínea rusa, Aeroflot, que ganó muchos enteros con la caída en desgracia de Transaero, se mostró abierta a la privatización, aunque advirtió que la devaluación del rublo ha colocado a los inversores en una situación muy ventajosa.

“Aeroflot costaba 3.000 millones de dólares en 2014 y ahora 740 millones. Por eso, mucho dinero no vamos a ingresar, pero perderemos el control de la compañía”, dijo Vitali Saviolov, director de la aerolínea.

Precisamente, eso es lo que ha llevado al Gobierno a plantearse, en el caso de las petroleras, ofrecer obligaciones convertibles a pagar en un plazo de 3-5 años, para cuando se espera que el precio del crudo haya subido.

Con todo, Uliukáev adelantó que “en los próximos días” se tomará una decisión definitiva sobre los afectados por el programa de privatizaciones.

El último programa de privatizaciones fue anunciado en 2011, cuando la economía rusa aún no había superado las secuelas de la crisis de 2008-09, pero el retorno al Kremlin de Putin en 2012 frenó en seco ese proceso.

Ahora, la caída en picado de los precios del petróleo no ha dejado otra vía de incrementar los ingresos del Estado para financiar los programa sociales que la privatización de sus principales activos.

“Hasta hace poco los ingresos estatales por (exportación) de hidrocarburos se acercaban al 70 por ciento del total. Es decir, estábamos prácticamente enganchados”, dijo Dmitri Medvédev, primer ministro ruso.

Ahora, agregó, “está en el 45 por ciento”, ocasión inmejorable para “cambiar la estructura de la economía nacional”.

Ignacio Ortega – EFE