Más de un millón de sirios viven en unas cincuenta áreas cercadas, según los datos de esta iniciativa de la ONG holandesa PAX y el centro de ideas The Syria Institute (el instituto de Siria), con sede en Estados Unidos; un número muy superior al ofrecido por la ONU, que calcula que casi 400.000 personas habitan esas zonas.


El pasado 17 de marzo, varios convoyes con ayuda humanitaria entraron en Madaya, Al Zabadani, Fua y Kefraya

Una muerte lenta por falta de comida, agua y medicinas es el destino impuesto a los habitantes de zonas cercadas en Siria, que el proyecto “Siege Watch” (vigilante del asedio) se ha propuesto documentar.

“Siege Watch” ha elaborado un mapa interactivo, que publica en su página web, con información pormenorizada sobre cada lugar, con detalles como la fecha del inicio del cerco, el bando que lo ha impuesto, las milicias que controlan el área, la cifra de habitantes y las veces que ha entrado ayuda humanitaria.

Además, publica un informe trimestral en el que da cuenta de la evolución de la situación.

En declaraciones a Efe por internet, la directora ejecutiva de The Syria Institute, Valerie Szybala, destacó que para recopilar datos recurren a los llamados comités locales, que son organismos surgidos en las áreas sitiadas que ocupan el vacío gubernamental.

También acuden a fuentes secundarias como hospitales o a redes de activistas sobre el terreno.

Después de cruzar la información de cada sitio han observado un patrón a la hora de crear asedios en Siria.

En ese sentido, Szybala advirtió de que no se pueden establecer equivalencias entre la actuación del régimen y la de los grupos armados opositores.

“El Gobierno sirio, y esto es según los datos que salen del terreno con lo que es difícil alcanzar otra conclusión, ha estado empleando los cercos contra la población civil como una estrategia primaria de guerra desde 2013, e incluso podría decirse que desde finales de 2012”, denunció.

“Esta ha sido la única parte que lo ha hecho de forma sistemática -agregó-, la mayoría de los asedios han sido creados por él (régimen)”.

En ese sentido, se mostró crítica con la ONU y la manera en que está documentando los cercos en Siria, ya que “establece un paralelismo entre los del Gobierno y otras partes, y eso lleva a la confusión”.

Puso como ejemplo el caso de las poblaciones de mayoría chií de Nubul y Zahrá, en el norte de Alepo y sitiadas por el Frente al Nusra -filial siria de Al Qaeda- y otras facciones hasta la semana pasada, cuando el Eejército rompió el cerco.

“La ONU ha dicho que Nubul y Al Zahrá estaban asediadas, y que por tanto todas las partes imponen cercos. Sin embargo, en estas dos localidades la población es escasa y el sitio fue impuesto en respuesta al asedio en Guta Oriental, en las afueras de Damasco”, dijo Szybala.

Además, subrayó, el cerco en Nubul y Al Zahrá nunca llegó al nivel de otras áreas, porque “de alguna manera ha estado abierto a las zonas kurdas y han recibido ayuda”.

La directora de The Syria Institute también rechazó que el asedio por parte del Frente al Nusra a los pueblos de mayoría chií de Fua y Kefraya, en Idleb, sea semejante a los impuestos por el régimen: “Vale que hay gente necesitada allí, pero han recibido ayuda desde el aire”, puntualizó.

Actualmente, el mayor asedio en el territorio sirio por el número de afectados es el instaurado por el régimen en la región Guta Oriental, en las afueras de Damasco, donde residen 418.475 vecinos, de acuerdo al último informe del proyecto.

En este y otros lugares cercados, asegura el “Siege Watch”, las autoridades se benefician económicamente vendiendo artículos a precios inflados a través de intermediarios que traspasan el cerco desde los puestos de control.

Un caso especial es el de la urbe nororiental de Deir al Zur, afirmó Szybala, donde “los civiles sufren el sitio del gobierno y del EI (el grupo terrorista Estado Islámico)”.

Este es el único lugar asediado con un aeropuerto funcionando dentro de él, “pero las tropas gubernamentales impiden a la gente abandonar la zona, mientras que el EI no deja entrar ningún tipo de ayuda por tierra, aunque no evita que la gente se marche para convertirla en una área bajo su control”, indicó.

Szybala resaltó que en Deir al Zur las tropas del régimen reciben aprovisionamientos pero los civiles no.

Las perspectivas de futuro no son halagüeñas para los sirios atrapados en los asedios porque es una práctica que ha ido aumentado y “la parte que ha impuesto la mayoría de cercos no ha mostrado ninguna señal de querer dejar de hacerlo”, lamentó Szybala.

Susana Samhan – EFE