Con una potente descarga de riffs, el heavy metal de Ghost y el punk de Bad Religion mandaron a paseo por un rato las flores que adornan la música alternativa del festival Lollapalooza Chile 2016.


Los integrantes de la banda nunca han revelado su identidad

Los sonidos pesados se abrieron espacio entre las bandas de electrónica y de pop que copaban el cartel de la segunda jornada del evento musical ideado por Perry Farrel en 1991.

Cuando empezaba a caer la tarde en Santiago, los suecos Ghost, con su distintivo sintetizador que simula el órgano de una iglesia, aparecieron en uno de los escenarios del Lollapalooza, dando inicio así a la llamada “misa oscura”.

Liderados por un sacerdote satánico, el vocalista de la banda conocido como Papa Emeritus III, Gost repasó sus canciones más oscuras, pero también un puñado de melodías de su nuevo disco “Meliora”, publicado en 2015.

Los integrantes de la banda, que nunca han revelado su identidad, saltaron a escena con nuevas máscaras y trajes al igual que en sus dos vistas anteriores a Chile.

Con canciones que invocan al diablo y excéntricos rituales, estos nuevos referentes del heavy metal oficiaron una ceremonia espiritual nunca antes vista en un festival que cada vez tiene más connotaciones poperas y adolescentes.

“Ustedes los chilenos están locos”, espetó el nuevo vocalista de la banda, que releva al cantante en cada disco por, según dice la banda, “incumplir las tareas satánicas”.

Desde su formación, en 2008, se ha especulado sobre varios músicos que podrían haber pasado por la agrupación sueca, entre ellos el exbaterista de Nirvana y líder de Foo Fighters, Dave Grohl.
https://www.youtube.com/watch?v=lNjrlAFwL4A
Durante la calurosa tarde del último día del verano austral, los pioneros del punk, Bad Religion descargaron su eufórica ráfaga de canciones, transformando el Lollapalooza de la música alternativa y melodías discotequeras en un garaje de enfurecidos personajes.

La agrupación formada en 1980 en Los Ángeles demostró que no ha envejecido a pesar del paso del tiempo y de que sus fanáticos no son los punkis de antaño.

Greg Graffin, el líder del grupo, estuvo a tono en la veintena de canciones que interpretó con la banda, y desde la tarima fue uno de los veedores principales de los “mosh”, los círculos que se forman en el público para descargar la energía con bailes catárticos que acompañaron la presentación de los padres del punk.

A diferencia de las bandas de este festival que ocupan luces y estrafalarias puestas en escena, estos músicos de influencia dura y transgresora sólo colgaron un telón tras ellos con su reconocido logotipo, la cruz negra tachada; como la vieja escuela del punk rock.

Al finalizar la potente exhibición de Bad Religion, el público se trasladó rápidamente al otro extremo del parque O’Higgins, la explanada que acoge cada año este festival, para ver a una de las bandas más importantes del soul del momento, Alabama Shakes.
https://www.youtube.com/watch?v=fsZGPtY_pqA
La agrupación que nació en 2009 y que aterrizó por primera vez en Chile cuatro años después en su primera gira por Sudamérica, acercó el Lollapalooza a Woodstock, y lo alejó de YouTube, con melodías nacidas del alma.

La enloquecedora voz y carisma corporal de Brittany Howard, la cara visible de este cuarteto oriundo de Alabama, recordó la sinceridad y el talento de la indiscutida reina del rock & roll, Janis Joplin.

Con tan sólo dos discos publicados, Alamaba Shakes se proclama como la gran proyección del rock, soul y blues en el mundo.

Los que también aportaron una importante cuota de potencia, fue la legendaria banda de chilena de rock psicodélico Aguaturbia.

Formados en 1968, los músicos repasaron su vasta trayectoria de éxito y un par de canciones clásicas del rock en la cúpula del parque O’Higgins.

Pese a que esta versión del Lollapalooza Chile fue liderada por raperos como Eminem, o los sonidos alternativos de Florence + The Machine, esta celebración se las arregló para postergar por un rato las flores, y reemplazarlas por los puños en alto y las camisetas negras del viejo y querido rock and roll.

Cristóbal Chávez Bravo – EFE