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La economía en general se vio afectada por la crecida del Río Paraguay. Los habitantes solo podían transportarse en embarcaciones. No tenían dinero para comprar comida y los vendedores tenían que regalar sus productos para que las familias puedan sobrevivir. Un circulo vicioso desde la mirada de un médico local.


Se llama Nemesio Acosta, es un odontólogo de 24 años oriundo de Villa Franca, departamento de Ñeembucú. Se desempeña en la unidad de salud familiar de esa ciudad. Allí implementan la estrategia de Asistencia Primaria de la Salud (APS) que apunta a las familias de escasos recursos.

La particularidad de su ciudad es que las familias se encuentran aisladas por la crecida del Río Paraguay. Es una comunidad ribereña que está a 147 km de Asunción y a 86 km de Pilar. No tenemos rutas asfaltadas que lleguen hasta Villa Franca, solo con un camino enripiado de 23 km camino a Asunción”, relató.

Se abastece de Alberdi. El 60% de la ciudad se dedica a la pesca, el resto a la ganadería y como peones de estancia. Al subir el agua, la actividad ganadera cesó. “Los peces llegaban hasta las estancias”, recuerda. Para llegar a los polos urbanos debían atravesar estancias. Cuando llegó el pico máximo de crecida, no podían salir sin la ayuda de embarcaciones.

Todo esto repercutió en la economía comunitaria. “Había mucha gente que dejó de trabajar. No había dinero para comprar comida, esto repercutió en los almacenes. Estos para no perjudicar a las familias, les fiaban y a su vez no podían pagar a sus proveedores”, indicó.