En el mes del día mundial del agua, es oportuno preguntarnos: ¿Cuánta agua hay en el mundo? Un billón cuarenta y un mil millones de kilómetros cúbicos. Si se esparciera […]


En el mes del día mundial del agua, es oportuno preguntarnos: ¿Cuánta agua hay en el mundo? Un billón cuarenta y un mil millones de kilómetros cúbicos. Si se esparciera sobre la tierra, haría una capa de 3.000 metros de profundidad.

 

Pero de esta cantidad, el 98% es agua salada de océanos, mares y profundas cuencas subterráneas; el 2% es agua dulce protegida por la naturaleza, de la cual el 87% está encerrada en mantos de hielo y glaciares; el resto está bajo tierra, en el suelo y en la atmósfera.

 

El agua es un recurso renovable a través de un proceso: el sol evapora, la humedad se transporta y cae de nuevo el agua. Una parte queda en la superficie y otra penetra. En este ciclo los componentes están interrelacionados, un cambio en una etapa impacta en las otras. El tiempo de reposición varía en las distintas etapas. Según un promedio mundial, tarda unos 20 días en el agua de los ríos, 12 días en la humedad atmosférica y cientos de años en el caso de las aguas subterráneas.

 

En la segunda mitad del siglo XX, las extracciones de agua dulce aumentaron en un 4 a 8% anual. En cuanto a los ríos, vemos que las cuencas que se nutren de lluvias ocupan el 60% del suelo y sostienen al 90% de la población mundial. La nieve da agua a los ríos de un 25 a 30% del mundo.

 

Hay unos 31.000 a 47.000 kilómetros cúbicos de escorrentía anual de ríos en todo el mundo. En América del Sur se encuentran las más abundantes: 26% del total mundial.

 

Es también importante mencionar que variadas formas de vida existen debajo de los cauces de los ríos. Gusanos, camarones, bacterias, algas e insectos inmaduros viven en espacios subterráneos. La zona subterránea juega un importante rol en la recuperación de los ríos después de las crecidas; y hasta ayudan a la limpieza de contaminantes como los hidrocarburos.

 

Para recordar una vez más en este simbólico día: no podemos bajo ningún concepto perder las aguas dulces del Pilcomayo, que no solo corren por la superficie sino que se escurren por abajo y precisaran cientos de años para reponerse.

 

Ni seguir contaminando las aguas de tantos lagos y  hermosos arroyos que bañan nuestra tierra.

(x) La autora de este artículo cuenta con una Especialización en Ecología y Medio Ambiente por la Universidad Comunera y una Especialización en formación de comunicadores ambientales del Instituto Socio Ambiental del Sur.

Rafaela Guanes
Presidenta de la Fundación Manuel Gondra