A días del inicio de una de las citas más importantes del deporte mundial, Brasil no da indicios de estar preparada para el mega evento. Los inconvenientes sociales, políticos, organizativos, de infraestructura y hasta en el aspecto sanitario, hacen dudar del éxito que pueda tener la organización.


A nivel político-económico en el momento en el que Río fue seleccionada como ciudad sede de los juegos, Brasil se mostraba al mundo como de una de las principales economías emergentes del planeta, motivo por el cual no se dudaba de que la preparación iba ser óptima.

De ese tiempo a ahora el apoyo general en el país vecino fue a pique, tanto así que actualmente las encuestas dan muestras del poco apoyo que tiene el pueblo a la organización, y más aún, se cree que será un rotundo fracaso.

A nivel salud preocupa bastante la aparición del zika, que está instalada en la ciudad, motivo por el cual las distintas delegaciones buscan proteger a sus atletas, aparte los cauces hídricos a utilizar para remo se encuentran contaminados.

La villa olímpica no está terminada y lo que se llegó a finalizar no tiene el adecuado mantenimiento con suelos inundados, ascensores que no funcionan, ventanas sucias, moho y agujeros en el techo, lo que obligo a varias delegaciones a buscar refugio en hoteles fuera del mítico y tradicional espacio en el que convergen los atletas.

El estado de Río de Janeiro sufre una crisis por la creciente cantidad de deudas con las que cuenta. Con el gobierno de Brasil tiene 21 millones de dólares a pagar, mientras que debe otros 10 millones a bancos públicos y prestamistas internacionales. Como si esto fuera poco también carga con otro préstamo de 860 millones concedidos para la seguridad de los juegos.

Para completar el círculo estalló hace un tiempo el escándalo del dopaje que envolvió a gran cantidad de atletas de distintas naciones y en especial de Rusia, motivo por el cual varios quedaron “vetados” de los juegos.