En 1721 el padre Patiño, remontando el río Pilcomayo, encontró en su camino el hermoso estero al que legó su nombre.


No imaginó que su nombre sobreviviría al estero. Hoy Patiño sigue figurando en los mapas, pero el estero ya no está.

Ocupaba unos 1.500 Km cuadrados de terreno anegado. Su eje longitudinal de 100 Km seguía el curso del Pilcomayo y su ancho variaba entre 2 y varios kilómetros.

 
A los 24º 3´de latitud Sur y 60º 10´de longitud Oeste de Greenwich se formaban en el estero unas cascadas de las que nacían otros ríos y riachos como el Confuso, el Porteño, el Dorado, el Tala, el Ibarreta y el Harreta, cuyas corrientes se perdían en el Patiño.

 
El estero estaba rodeado de tierras altas, separado de ellas por montes cerrados y palmeras. El terreno del medio era flojo y pantanoso.

 
La zona estaba cubierta de totora, junco, liana y otras plantas acuáticas. Predominaba en sus orillas el algarrobo raquítico de hojas amarillentas. En el centro sus aguas estaban despejadas.

 
Pero algo magnífico en su naturaleza era la lucha constante entre la tierra y el agua. Así como las aguas invadían los bosques en las crecientes, los bosques se acercaban a las aguas durante la sequía. Las ramas superiores de los bosques sumergidos, producían desde lejos la impresión de ser islas. Cuando se retiraban las aguas, quedaban en las orillas árboles secos y manchones de totora en medio de algarrobales.

 
Esta descripción fue hecha a principios de siglo, por el perito argentino Domingo Krause en un informe presentado a la Comisión Técnica Argentino-Paraguaya que realizaba estudios sobre el Pilcomayo. Hoy el estero Patiño ya no existe; en su lugar hay buenos campos de pastoreo en algunas partes y maleza en otras. La colmatación del lecho del río, como resultado de los sedimentos, ha terminado con él.

*Autora del libro: “Pilcomayo: río vagabundo”.

 

Rafaela Guanes
Presidenta de la Fundación Manuel Gondra