Aunque el documento no habla directamente de gafas inteligentes, sí asegura de que el producto no es un teléfono, ni una tableta.
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El lanzamiento de Google Glass en 2013, generó una lluvia de críticas sobre la apertura de otra puerta a la violación de la privacidad. Pero la idea no ha muerto, porque cada vez más, los investigadores encuentran posibilidades de desarrollar una realidad aumentada, ante sus ojos, con fines industriales, medicinales y en otras áreas de la vida diaria.