En Paraguay se desarrolló una lucha histórica por la recuperación de la soberanía hidroeléctrica. Entre 1973, año de la firma del Tratado de Itaipú, y 2006, un hito histórico es […]


En Paraguay se desarrolló una lucha histórica por la recuperación de la soberanía hidroeléctrica. Entre 1973, año de la firma del Tratado de Itaipú, y 2006, un hito histórico es el avance en cada uno de los puntos planteados por Paraguay a Brasil, con el Acuerdo Lugo-Lula del 25 de julio de 2009.

 

Fernando Lugo Méndez no había cumplido un año de mandato en el momento que se acordó con Brasil mejores condiciones en Itaipú. Muy distinto a los 3 años de gobierno de Horacio Cartes sin siquiera información sobre qué se está negociando o si todavía hay negociaciones con Argentina respecto a Yacyretá.

 

En Itaipú hay mucho más que avanzar en todos los puntos. Por ejemplo, aún no se ha alcanzado el precio de mercado de la energía, a pesar de que el Acuerdo Lugo-Lula establece mecanismos para llegar a esos precios de mercado gradualmente. Primero y “a la brevedad” por la venta en el mercado brasileño y segundo, a partir del 2023, abriendo la posibilidad de vender nuestra energía de Itaipú a terceros países. Es una pena que Horacio Cartes tampoco haga cumplir estos puntos del acuerdo.

 

Algunos lectores se preguntarán ¿qué tiene que ver FONACIDE con la soberanía hidroeléctrica? La respuesta es: todo.

 

Si usted todavía no sabe por qué, lamento decir que además de la incapacidad del gobierno actual de defender la soberanía hidroeléctrica, está consiguiendo su objetivo de que el pueblo no sienta en su vida diaria, el avance que significó ese pequeño hito de nuestra historia energética.

 

Porque los fondos de FONACIDE se financian con la triplicación de la compensación por cesión de energía que obtuvo Paraguay. En vez de recibir 120 millones de US$/año de beneficio, en la actualidad Paraguay recibe en el orden de 360 millones de US$/año por la energía paraguaya de Itaipú que vende al Brasil.

 

Es una modesta renta eléctrica, si consideramos que nuestra energía vale mucho más, pero suficiente, si se utiliza correctamente, para que nadie olvide cuánto significa en educación, salud, infraestructura y acceso a derechos garantizados luchar por la soberanía hidroeléctrica.

 

Por ejemplo, con aproximadamente un 10% de dicha renta eléctrica, es posible financiar la totalidad de los fondos propios de las universidades públicas y hacerlas gratuitas, incluida la atención médica y los estudios de los hospitales-escuela como Clínicas. Todavía sobrarán más de 300 millones de US$ para otras obras, inversiones y gastos necesarios y urgentes.

 

Fernando Lugo consiguió triplicar la compensación, pero no pudo definir en qué forma se iban a usar esos recursos. Una campaña mediática, apoyada por medios masivos de comunicación y famosos formadores de opinión, enterró el proyecto de Fondo Nacional de Desarrollo Económico y Social (FONDES) propuesto por Lugo, y logró la aprobación en el Congreso del Fondo Nacional de Inversión y Desarrollo (FONACIDE).

 

Cada vez que el techo de una escuela se cae, o salen noticias tan tristes como el desperdicio de las Becas Carlos A. López (BECAL) porque los estudiantes no fueron aceptados en ninguna universidad, o nos cuentan que un intendente usó la plata de FONACIDE para poner un hotel o construirse una mansión, estamos viendo cómo nuestra renta eléctrica se rifa.

 

La renta eléctrica no es para siempre, nos sirve sólo mientras tengamos excedentes exportables de electricidad. No permitamos que se siga diluyendo, para esconder al pueblo cómo hay luchas que tienen frutos y de paso enriquecer a pésimos  administradores de la cosa pública.

Mercedes Canese
Ingeniera Industrial, ex Viceministra de Minas y Energía (2010-2012), docente universitaria, asesora y consultora en temas de energía e industria