La controversial cinta fue producida, escrita y dirigida por el periodista Juan Manuel Salinas. El documental explora los primeros pasos del tráfico de drogas en Paraguay, su inicial vinculación con la política, el contrabando y la construcción de una débil democracia donde todos los partidos políticos y la prensa terminaron siendo cómplices.


Anuncian el estreno de la película ‘Paraguay droga y banana

Salinas cuenta que  la idea del documental nació en el 2002 durante una entrevista para el diario La Nación a un ex Juez de Alto Paraná, donde trataron casos sobre narcotráfico en la zona. Con la idea instalada se inició la búsqueda de información con relación al tema, además de recibir muchos datos mediante allegados y de terceros. También se utilizaron archivos personales que sólo se encontraban en casas de familia de gente vinculada a los diferentes casos.

Sinopsis

El 18 de octubre de 1970, una avioneta Cessna monomotor, proveniente de Paraguay, aterrizó en el aeropuerto de Miami. Llevaba 42, 5 de kilos de heroína casi pura, por un valor de 10 millones de dólares.

Cuando los oficiales antinarcóticos descubrieron quién estaba detrás del tráfico, la noticia alarmó al gobierno de Richard Nixon. Se trataba del francés Auguste Joseph Ricord, el rey de la heroína, quién venía siendo investigado por el FBI. Con él, otro nombre clave saldría al tapete público; el del General Andrés Rodríguez, posteriormente presidente de Paraguay.

En 1971 la película Contacto en Francia ganaría el Oscar a la Mejor Película. La cinta estaba basada en las vivencias de Ricord en Marsella antes de mudarse a Paraguay. Este caso y otros, son analizados como los inicios de la narcopolítica en nuestro país. Se exponen entretelones de importantes figuras políticas, especialmente, del General Andrés Rodríguez, señalándolo abiertamente como narcotraficante y responsable de varias violaciones a derechos humanos durante la dictadura de Stroessner que toda la clase política ni los medios de prensa nunca denunciaron, por haber liderado el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989, evidenciando que fue un suceso orquestado desde las cúpulas de poder y no causado por la presión popular difundido como “historia oficial”.

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