La noticia de que una nena de nueve años estaba embarazada producto de una violación conmocionó a todos. El caso generó debates y posiciones encontradas respecto a la decisión que debía tomarse teniendo en cuenta la edad de la víctima, el riesgo que corrían tanto la madre la criatura y las consecuencias de una maternidad tan prematura. Las organizaciones pro-vida y las diferentes instituciones del Estado (entre ellas la fiscalía y el Ministerio de Salud) impusieron su criterio y el 13 de agosto del 2015 Mainumbyy dió a luz una niña de 3 kilos y 50 gramos.


El calvario de la niña madre

El 21 abril del 2015 se supo que una niña de 10 años estaba embarazada de cinco meses. Ocurrió cuando su madre la llevó al hospital creyendo que tenía un tumor en el estómago. Inmendiatamente el caso que fue denunciado ante la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia.

Inicialmente se supo que aunque la gestación seguía su curso normal se trataba de un embarazo de alto riesgo ya que la pequeña no tenía desarrolladas todas las características de una mujer adulta al encontrarse en edad de desarrollo y crecimiento.

La identidad de Mainumby no fue revelada para salvaguardar su integridad. Y ella a su vez no daba pistas sobre el hecho mientras que la madre separada del padre de la menor, afirmaba desconocer lo ocurrido.

Solicitud de Aborto

“El embarazo podría tener consecuencias devastadoras para la salud de la pequeña y sumaría injusticia a la tragedia”, dijo Amnistía Internacional en un comunicado el 29 de abril.

Desde la oficina de Programas de Salud que la solicitud de aborto que planteaban las organizaciones sociales era imposible de cumplir “porque el embarazo ya tenía un desarrollo de cinco meses. Además, el código penal prohíbe la práctica”.

La ley paraguaya permite el aborto “solo” cuando el embarazo pone la vida de la madre en peligro y de esto se agarraron las autoridades para negar la solicitud de diferentes organismos que pedían la interrupción del embarazo.

“Todavía es una niña”

Las organizaciones sociales, políticas y religiosas se enfrentaban con lemas como “Cuando los otros niños juegan, ésta niña quiere jugar también” o “Legalizar el aborto es el asesinato de un inocente que está aún en pleno periodo de gestación”.

En busca de los culpables

La niña tenía 22 semanas de gestación y se manejaba que había sido abusada sexualmente por su padrastro.

Inmediatamente, se presentaron las imputaciones contra el presunto abusador por coacción sexual  y contra la madre por falta al deber del cuidado y obstrucción a la justicia.

La madre, cuya identidad se mantuvo en reserva junto a la de la niña, fue enviada a la cárcel de mujeres de Asunción con prisión preventiva durante las investigaciones y el padrastro, Gilberto Benítez Núñez de 42 años, se fugó al dictarse la orden de captura.

Posteriormente, se solicitó el sobreseimiento definitivo de la mujer ya que la investigación respecto a su responsabilidad no fue concluyente.  El padrasto fue capturado y enviado a Tacumbú.

Nació la ‘otra’ niña

El 13 de agosto del 2015, Mainumby dio a luz a la niña y una semana después fueron dadas de alta. Se practicó la prueba del ADN a la bebé recién nacida que confirmó la paternidad del padrastro abusador.

Abandono total

Con apenas 12 años cumplidos, Mainumby festejó el primer añito de su hija. Las fotos del evento recorrieron las redes, siendo aplaudidas por las organizaciones pro-vida contrarias al aborto. Terminada al fiesta, desaparecieron.

El gobierno se comprometió ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a otorgarle una vivienda y una ayuda económica a la niña pero no cumplió y Mainamby y su pequeña viven hoy en el patio de la casa de su abuela.

En la escuela es víctima de acoso por parte de sus compañeros en lo que se podría definir como “bullying pemanente”.

En el día internacional de las niñas el caso de Mainumby deja en una posición muy difícil a las organizaciones que dicen proteger la vida y vuelve a colocar el tema de la despenalización del aborto en caso de abuso en debate.

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