El ministro justificó su repentino cambio de partido en una carta al diario ABC Color. Los periodistas de ese medio le habian solicitado una entrevista.


Me convertí en asiduo participante en las redes sociales en los últimos años, curioso por las nuevas formas de comunicación y expresión de la sociedad; con el objetivo de aprender, pero al mismo tiempo cumplir con la obligación que hoy nos impone la función pública: la idoneidad, la honestidad, y también la buena comunicación.

Comparto y comento regularmente sobre datos y hechos económicos nacionales e internacionales que tienen relación con nuestro país, convencido de que una sociedad cada vez más conectada necesita escuchar de quienes ocupan cargos en la función pública sobre las decisiones que se toman, principalmente para reducir el grado de desconfianza y prejuicio que aún abunda en nuestra sociedad.

Sin embargo, debo reconocer que mis cualidades de comentarista sobre temas económicos han sido ampliamente opacados por mis comentarios sobre el fútbol hace unos días, y el sábado pasado, sobre una decisión personal, pero con un alto contenido político.

En los últimos días he escuchado prácticamente todas las hipótesis o teorías sobre las razones que me llevaron a tomar la decisión de dejar el PLRA y solicitar mi afiliación a la ANR.

Independientemente de la aceptación o entendimiento de los internautas o de la ciudadanía en general, con el único objetivo de comunicar a una audiencia cada vez más exigente sobre las razones detrás de las decisiones que uno toma, aunque sean personales y sin ningún impacto en mis funciones, quiero compartir los detalles de estas acciones.

Soy un joven paraguayo que desarrolló de muy joven la vocación de servicio público, aquella que no se aprende en la universidad o en el trabajo sino que se construye como consecuencia de ejemplos y experiencias a las cuales nos expone la vida.

A los 17 años me enfrenté al desafío de ser padre, un evento que sin importar la edad nos obliga a madurar y asumir responsabilidades importantes en la vida. En ese momento, y gracias al apoyo de mis padres, comprendí que la única forma de progresar y darle un futuro a mi familia era con la formación académica y el esfuerzo que uno le imprima a todo lo que haga en la vida.

Luego de 20 años, mucha agua ha corrido. Ingresé como funcionario del Banco Central del Paraguay, fui a estudiar una maestría en políticas públicas a la Universidad de Columbia en Nueva York, gracias a una beca del gobierno de Japón, y luego a trabajar al Fondo Monetario Internacional en Washington. En el 2012 volvimos al país dejando atrás oportunidades profesionales y de educación para nuestros hijos, pero convencidos de que vale la pena jugarse por aquello que uno cree y siente. Desde entonces tuve el privilegio de desempeñarme como director del BCP y luego como ministro de Hacienda.

A lo largo de todos estos años, mi afiliación política nunca fue un tema de discusión más allá del dato anecdótico, y jamás condicionó ocupar un cargo público.

A días de cumplir 38 años puedo decir que la vida me ha bendecido con oportunidades, salud y una familia que me ha acompañado a lo largo de todos estos años. El apoyo incondicional de mi esposa Leticia y de mis hijos Gonzalo y Constanza, son el principal motor que me anima a seguir luchando por aquello que creo.

Luego de 22 meses en uno de los cargos más desafiantes y controversiales de la administración pública, donde se tiene la ingrata responsabilidad de cobrar impuestos y luego distribuir recursos limitados entre las necesidades ilimitadas de la administración pública, donde nunca alcanza para todos, la piel se va curtiendo y el concepto de servicio público toma un mayor significado.

La decisión de haberme afiliado a la ANR ha sido un proceso de reflexión tanto personal como familiar y por eso me siento con la conciencia tranquila de saber que he actuado en función a mis convicciones y el sentido de pertenencia a un proyecto en beneficio del desarrollo del país.

Como toda decisión importante y sabiendo el impacto que podía tener, esperaba el mejor momento para hacerlo sin que genere controversia ni fuese un motivo de conflicto, pero ese momento no existe. Sin importar, el momento o la circunstancia, esta decisión necesariamente traería algún tipo de reacción como la que hemos visto en los últimos días.

No puedo negar que mi historia familiar ha influido en cierta medida sobre mi vocación de servidor público. Al haber conocido y compartido largas charlas con mi abuelo, el Dr. Manuel Peña Villamil, quien no solo estudió sino documentó gran parte de la historia del Paraguay, han sido una fuente de inspiración.

El Dr. Peña Villamil, abogado y escritor, fue nieto de Don Jaime Peña, fundador de la ANR y con una activa participación en el Paraguay de posguerra. Don Jaime era descendiente de José Gaspar RODRÍGUEZ de Francia, uno de los padres de nuestra independencia.

Don Jaime Peña envío a Francia a su hijo Manuel Peña Rojas para estudiar medicina en la Universidad de París, graduándose en 1912. A su regreso, el Dr. Peña Rojas se desempeñó como Decano de la Facultad de Medicina y Director del Hospital de Clínicas. Fue Ministro de Hacienda, Diputado Nacional y Ministro de Relaciones Exteriores durante gobiernos liberales, todo esto antes de sus 37 años de edad cuando fallece.

Jamás sentí que la historia haya condicionado en ninguna de las decisiones que me tocó tomar, pero no puedo negar que siento una responsabilidad de contribuir con el país desde el lugar que me toque.

Nuestro país está viviendo transformaciones muy importantes, en lo económico, lo político y lo social y requiere que todos los paraguayos estemos dispuestos a jugarnos por aquello que creemos es lo correcto, indistintamente de las críticas o los prejuicios.

Ojalá que estos nuevos tiempos, donde también vivimos un cambio generacional, veamos a más jóvenes alejarse de la indiferencia y participar activamente en la construcción de una sociedad más justa para todos los paraguayos desde el lugar que les toque. No todos deben ser funcionarios públicos, dirigentes políticos o gremiales para colaborar con el país. Indistintamente de nuestras visiones políticas, religiosas o deportivas, deben primar nuestras ganas de que al país le vaya mejor.