Lauren y Caroline no entran en Facebook desde que Donald Trump ganó las elecciones presidenciales. Como millones de estadounidenses están en duelo y hablan de tragedia, de pérdida de un ser querido: el país que creían ser.


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“Pensábamos que nuestra sociedad era cada vez más abierta y tolerante. Pero estas elecciones nos han mostrado un Estados Unidos xenófobo y sexista que muchos no reconocemos como nuestro”, comenta Lauren, de 31 años, mientras se prepara para hacer senderismo con un grupo de amigas que también necesitan “olvidar”.

Estas jóvenes no irán a las protestas contra Trump ni expresarán su rechazo en las redes sociales, no quieren “revivir la experiencia dramática”, sino pasar el duelo y recuperarse cuanto antes para seguir luchando por los derechos que ahora ven en serio peligro.

“Algo ha muerto psicológicamente con estas elecciones. Una versión de Estados Unidos que es verdaderamente democrática, donde se busca la equidad y el multiculturalismo. Ese ideal ha sido destrozado. Nuestras aspiraciones han muerto con estas elecciones, al salir elegido un candidato que las rechaza”, explica la psicoterapeuta Silvia Dutchevic.

Los pacientes que han acudido en los últimos días a su clínica de Nueva York han vivido la victoria de Trump “como una tragedia”, sobre todo los que se sienten directamente amenazados por su Presidencia: “las personas de color, las mujeres, los homosexuales, los activistas, las víctimas de abuso sexual”, enumera.

“Estas elecciones han subrayado la conexión entre lo personal y lo político, de manera que ahora entendemos de una manera muy real cómo la política puede afectar y afecta a nuestras vidas, incluida la salud mental”, apunta.

De Donald Trump asusta tanto lo que se sabe que quiere hacer, como revocar la reforma sanitaria o acabar con los alivios migratorios, como lo que no se sabe que va a hacer.

“Lo que ha muerto es un sentido de predecibilidad, un sentido de que las personas tiene un cierto control sobre su futuro. Temen lo que ocurrirá, de la sanidad a las relaciones internacionales”, considera la psicóloga Karen Koenig.

En su ciudad, Sarasota (Florida), temían el enfado de los seguidores de Trump -que ganó en el condado- tras su derrota, pero su reacción ante la victoria “da el mismo miedo”: se han reportado insultos y mensajes vejatorios contra las mujeres en espacios públicos.

En otros lugares del país se escuchan casos similares en estos días: musulmanes a los que les gritan que se vayan a su país o niños latinos que oyen en el patio cómo sus compañeros cantan “construyamos el muro”, el grito de guerra de la campaña de Trump contra la inmigración mexicana.

“La gente está en duelo por la pérdida de lo que significa hacer lo correcto. El nuevo presidente ha atizado el odio, ha mentido y ha hecho todo lo que siempre se nos ha dicho que no se debe hacer”, explica Kriss Kevorkian, experta en duelo de la Universidad Walden.

“Enseñamos a nuestros hijos -continúa- que deben actuar de una manera que es completamente opuesta al comportamiento del hombre que pronto será el presidente. Es una acumulación de pérdidas, de decencia, civismo, respeto, amabilidad, empatía y compasión”.

El impacto emocional de la victoria de Trump en millones de estadounidenses va más allá de la esperable decepción o enfado por que haya ganado el partido que uno no votó.

“Yo no estoy así porque ganó un republicano, sino porque ganó él. Porque ganó una persona que va a destruir el trabajo de décadas por lograr un país más justo para todos”, cuenta Caroline, que el miércoles no pudo contener las lágrimas al llegar a la oficina y ver que lo impensable era cierto: presidente electo Donald Trump.

El día después de las elecciones muchos trabajadores y estudiantes recibieron correos electrónicos de sus instituciones reafirmando su compromiso con la tolerancia, la inclusión y la libertad ante “el miedo” generado por la victoria de Trump.

“Ningún resultado electoral en la historia reciente de Estados Unidos ha generado los sentimientos de shock, ansiedad y decepción que millones de estadounidenses han expresado en los últimos días”, explica Anthony Corrado, experto en Política Gubernamental en el Colby College de Maine.

En las universidades del país, que son junto a las grandes ciudades el epicentro de las protestas contra Trump, se han convocado grupos de orientación para procesar en comunidad el resultado electoral.

Otros, como Lauren, prefieren recuperarse por su cuenta. “He estado estudiando las fases del duelo y creo que ya he pasado el shock y el enfado y ahora estoy entrando en la depresión. Pero espero que de este golpe salgamos más fuertes y nos organicemos para evitar que Trump haga retroceder el reloj del progreso”, zanja antes de pedir, por favor, cambiar de tema.

Cristina García Casado – EFE