En la periferia de Roma miles de musulmanes acuden cada día a las llamadas "salas de oración", garajes reconvertidos en mezquitas que el Ayuntamiento está revisando y en algunos casos cerrando debido a sus precarias instalaciones.


En la capital italiana residen al menos cien mil del millón y medio de musulmanes que viven en Italia, según las estimaciones del Ministerio del Interior, pero en la ciudad solo hay un lugar de culto oficialmente reconocido: la Gran Mezquita.

Este templo, que pasa por ser el más grande de Europa, tiene capacidad para más de doce mil fieles pero se encuentra ciertamente alejado para la mayoría de musulmanes, asentados en barrios periféricos como Centocelle, Ponte di Nona o Tor Pignatara.

Ante esta situación en los últimos años se ha ido desarrollando una red de concurridos “centros de oración” en garajes y almacenes de estas zonas y que Interior cuantifica en alrededor de setecientos en todo el país, sin ofrecer un dato preciso.

Es el caso del “centro de cultura islámica” de la vía Gabrio Serbelloni, un local angosto y laberíntico al que se accede por un largo pasillo con varias cámaras de seguridad en su techo y únicamente iluminado por una máquina expendedora de refrescos.

Al fondo, tras unas cortinas, decenas de niños y niñas aprenden a recitar los textos religiosos en medio de una gran algarabía y, junto a la improvisada escuela, hay una pequeña y aparatosa cocina y una serie de grifos para las abluciones.

A continuación se llega al corazón del centro, su sala de oración, un espacio amplio pavimentado con moqueta verde y con un falso techo de pladur del que penden varios ventiladores, único sistema de ventilación del lugar.

En sus muros no hay ventanas y, por ende, tampoco luz natural y en ellos pueden verse algunas pocas fotografías de Roma, un reloj digital y el “mihrab”, la hornacina que señala a La Meca.

Las autoridades consideran estos espacios irregulares y su principal desvelo son los peligros que entrañan, ya que reciben un gran número de fieles a pesar de carecer de medidas de seguridad, como alarmas antincendios o salidas de emergencia.

Por esa razón la Policía municipal ha clausurado cinco centros en el barrio de Centocelle y ha denunciado a sus gestores y el único que permanece abierto tiene los días contados, pues ya ha recibido la notificación para su clausura, según ha podido saber Efe.

Bachcur es un bangladeshí que lleva 27 años viviendo en Italia y que ha hecho de la gestión del papeleo de los inmigrantes su principal ocupación, tal y como demuestran los documentos apilados en su despacho, al que se accede por la trastienda de un locutorio.

Habla en nombre de la Asociación Dhuumcatu, que ha promovido protestas contra el cierre de estos espacios frente a lugares emblemáticos de la capital como el Coliseo.

“Estamos de acuerdo, sabemos y comprendemos que hay una irregularidad. No ilegalidad. Pero un guardia no puede hallar un polizonte en medio de una travesía y lanzarlo al mar”, medita, antes de asegurar que el cierre “significa escupir a la cara de la fe”.

En su opinión, los centros de oración -que fija en cincuenta- son la alternativa en una ciudad que solo cuenta con una mezquita: “Es como si un católico tuviera que cruzar Roma cada día para escuchar misa en San Pedro del Vaticano”, defiende.

Bachcur opinó que lo mejor sería dar tiempo a los musulmanes a presentar proyectos de adecuación de estos centros y, en caso de que el edificio en cuestión, por su morfología, no permita cambios, aprobar su uso provisional hasta que se halle otro lugar.

El portavoz de la Gran Mezquita, Omar Camiletti, reconoció en una conversación con Efe que el templo “está un poco a desmano”, al situarse en el próspero barrio de Parioli, pero subrayó que hay medios para alcanzarlo con relativa facilidad.

El ayuntamiento ha puesto una línea de autobús a disposición de aquellos fieles que quieran llegar a la mezquita y además, otros medios parten desde el centro cada viernes, cuando la mezquita acoge a 3.000 fieles para la oración colectiva, explicó Camiletti.

En cualquier caso, el cierre de las “mezquitas-garaje” es “un tema delicado” para las autoridades romanas y ha herido la sensibilidad de sus feligreses.

Bachcur asegura que muchos conocidos suyos “sienten rabia” ante esta situación, aunque avanza que los esfuerzos de su organización es “hacer que se desfoguen con la oración”.

Gonzalo Sánchez – EFE