Tras un año de dura lucha con los talibanes, el Gobierno afgano se prepara para el invierno entre la inestabilidad política, la incertidumbre por su futura relación con los EEUU de Donald Trump y una posible campaña de atentados invernal que todos dan por descontado.


El hotel Serena de Kabul es uno de los establecimientos hoteleros más conocidos y selectos del país. Fue objeto de un atentado en 2014 en el que perdieron la vida 11 personas y su nombre aparece cada vez que suenan los rumores sobre un atentado de los talibanes en la capital afgana.

Dentro, hombres con uniforme de camuflaje y armamento de campaña vigilan en los jardines mientras guardaespaldas con trajes a punto de reventar sobre los chalecos antibalas que a duras penas esconden aguardan junto a finos muebles de vidrio.

“Siempre hay rumores de atentado, esto es una guerra, estamos listos”, indicó a Efe un responsable de seguridad.

Fuentes gubernamentales consultadas por Efe que prefirieron guardar el anonimato confirmaron que las autoridades están esperando un “invierno difícil” en términos de ataques terroristas en las ciudades.

Los talibanes han ido consolidando a lo largo del año el control de alrededor de una tercera parte del país e incluso hace unas semanas lograron penetrar en la hasta ahora inexpugnable base estadounidense de Bagram, en un incidente que, según indicó a Efe una fuente de la OTAN, está en investigación.

Sin embargo, las preocupaciones para el presidente, Ashraf Gani, están lejos de acabar ahí. En los últimos días su gabinete ha ido siendo purgado en el Parlamento y siete ministros han perdido formalmente su cartera aunque continúen interinamente en el cargo.

“Este es un Gobierno altamente incompetente, la situación económica es terrible, más de un 40 % de la población está bajo el nivel de pobreza, durante el (anterior) Gobierno de Karzai lo llevamos al 30-35 %”, indicó a Efe Auwar ul-Haq Ahadi, exministro de Finanzas y exgobernador del Banco Central con Hamid Karzai.

Ahadi cree que el Gobierno de Unidad forjado tras las traumáticas elecciones de 2014 entre Gani y el jefe del Ejecutivo, Abdulá Abdulá, es un “fracaso” y el presidente debería dar cabida a gente con experiencia en anteriores administraciones, algo impostergable ante el deterioro de la situación de seguridad.

“Para los talibanes el peor escenario es no avanzar, porque hoy no se les puede hacer retroceder, para el Gobierno el mejor escenario es no perder porque no pueden avanzar”, indicó Ahadi.

Con la preocupación centrada en la seguridad, la incertidumbre sobre qué hará Donald Trump cuando llegue a la Casa Blanca con los 8.400 soldados que continuarán en el país durante 2017 ha despertado no pocos temores y no solo por el avance talibán sino por el riesgo de un conflicto de mayores dimensiones.

“Si Estados Unidos se va, vamos a volver a los 90 y a la guerra civil, sólo que está vez será peor porque ahora los señores de la guerra están más armados”, indicó a Efe el editor jefe de la influyente agencia afgana Pajhowk, Danish Karokhel.

El exministro de Interior Mohamed Umar Daudzai descarta ese escenario y asegura que la “gente de Trump” ya ha contactado con políticos en el país para conocer la situación.

“No creo que Estados Unidos vaya a cambiar su estrategia en el país”, indicó a Efe Daudzai, una de las figuras más prominentes de Afganistán y antiguo embajador en Pakistán.

El exministro es uno de los pocos que se declaran “optimista” en Afganistán -dice que la última vez que fue pesimista fue antes de 2001, cuando cayó el régimen talibán- y asegura que el Gobierno de Gani ha aprendido de los errores de los últimos dos años.

“Hay que ser realistas, en el Gobierno de Unidad va a haber problemas, y hay que vivir con esos problemas”, indicó el encargado del complicado proceso electoral de 2014, que, según dijo, ha estado en conversaciones para aproximar las posturas de Gani y Abdulá.

La inseguridad afecta también a la estabilidad institucional de una nación con unas elecciones parlamentarias que debían haberse celebrado hace año y medio y todavía no tienen fecha.

“No es realista pensar en unas elecciones en todo el país con la situación de seguridad”, reconoció Daudzai, tras la retirada de la misión militar de la OTAN, pasando de 150.000 soldados en tareas de combate a 13.000 en funciones de capacitación.

“Los talibanes han ocupado este vacío dejado, lo que ha hecho empeorar la situación, pero de la misma manera que con 150.000 soldados no se pudo controlar el país, con 30.000 (insurgentes) tampoco van a poder hacerlo”, indicó, asegurando que la única vía es el diálogo.

“Los talibanes pueden hacer daño al Estado, y mucho, pero no pueden derrotar al Estado”, dijo.

José Luis Paniagua – EFE