Geert Wilders, líder del ultraderechista Partido de la Libertad (PVV), quiere revolucionar Holanda con una victoria en las elecciones del 15 de marzo y, de paso, convertirse en un barómetro del populismo en la región.


Wilders pisó por primera vez el escenario político en 1990, cuando se afilió al Partido Popular de la Libertad y Democracia (VVD), formado por una fusión de dos grupos liberales y progresistas que nada tienen que ver con el actual perfil del ultraderechista.

Estuvo ocho años escribiendo discursos para los líderes del VVD, antes de incorporarse al Parlamento como diputado.

En 2004, Wilders rechazó la solicitud de adhesión de Turquía a la Unión Europea, abandonó el VVD y se convirtió en un político independiente.

Fundó el Partido de la Libertad (PVV) en 2006, y desde entonces, ha logrado sumar votos con mensajes contrarios al islam, la UE o la inmigración.

Su lenguaje contra el islam provocó que el pasado diciembre un tribunal holandés le condenara por incitar a la discriminación, tras insultar a un grupo de marroquíes.

Su batalla contra el islam incluye la prohibición del Corán, el restablecimiento de los controles fronterizos y las críticas a la “falta de igualdad” entre sexos en esa religión, lo que le llevó a un rifirrafe público incluso con la propia reina Beatriz cuando ésta usó un velo en una mezquita de Omán.

Su actitud provocadora le ha granjeado antipatías, tal es así que su protección se ha convertido es una cuestión candente en la campaña electoral, tras la detención el mes pasado de un agente de vigilancia de su equipo, amenazado por sus declaraciones antiislamistas.

Wilders lleva con orgullo el calificativo de hijo pródigo de Donald Trump, con su retórica antiislamista y contra las minorías.

Los suyos dicen de él que es ingenioso y que tiene gran intuición política, pero sus adversarios creen que es “vulnerable y nervioso”.

Geert Wilders (Venlo, 1963) tiene sus orígenes en las Indias Orientales Neerlandesas, actual Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo.

Sus abuelos, católicos practicantes, emigraron con una hija en brazos a los Países Bajos tras el colapso de la colonia holandesa.

Es recordado por sus profesoras de secundaria como un alumno charlatán y “de pocos amigos”, algo que, según dicen los que le conocen, permanece en el Wilders adulto, ya que sigue siendo un solitario que solo habla de los problemas políticos.

“No participa en ningún acto social. Le convencimos para que acudiera a una fiesta de Navidad, pero era imposible hablar de su vida privada”, aseguró Hans Hoogervorst, su colega en el Parlamento.

Con tan solo veinte años, Wilders dio el “sí quiero” a su primera novia, para divorciarse pocos años después y volver a casarse en 1992 con Krisztina Marfai, diplomática húngara judía que conoció en la Embajada de Budapest en La Haya, y con la que ahora se ve dos veces por semana por cuestiones de seguridad.

Fue exactamente antes de conocerla, cuando Wilders empezó a frecuentar Israel, país que admira y defiende incluso en su programa electoral, que incluye el traslado de la embajada holandesa de Tel Aviv a Jerusalén. EFE