Sin ningún tipo de pudor y con ganas de reivindicar su espacio, decenas de ciclistas pedalearon hoy desnudos por el centro de Sao Paulo para enseñar su fragilidad a los conductores y denunciar las más de mil de muertes de compañeros que hay cada año en las carreteras brasileñas.


La 'Pedalada Pelada' tuvo lugar en Sao Paulo con el objetivo de mostrar la fragilidad de los ciclistas en las carreteras brasileñas. Foto: EFE/Sebastião Moreira


“¡La Paulista es nuestra!”, gritó uno de los participantes antes de comenzar este tradicional paseo por la avenida del mismo nombre, ubicada en pleno corazón financiero de la mayor ciudad de Brasil.

Así comenzó a primera hora de la noche la llamada “Pedalada Pelada” (Pedaleo Desnudo), que se celebra desde hace una década y denuncia la vulnerabilidad de aquellos que eligen la bicicleta como modo de vida frente a la imprudencia de los que optan por el volante.

“El cuerpo desnudo es para mostrar cómo nos sentimos con el tráfico (…) Nos sentimos desnudos, no tenemos ni un parachoques para protegernos”, explica a Efe Enrique do Espíritu Santo, en cuyo pecho está escrito la palabra “frágil”.

Orgullosos y sin complejos, hombres y mujeres de distintas edades llegaron a la Plaza del Ciclista, en el comienzo de la Avenida Paulista desde donde salía la marcha, con ropa y se subieron a la bicicleta desnudos con mensajes, como Enrique, para los conductores. “Obsceno es el tráfico”, “Vulgar es tu falta de respeto”, “Ahora sí me ves”, estamparon algunos en sus espaldas en un rojo intenso mientras de fondo sonaba el “Eye Of The Tiger” de Survivor.

Según el Ministerio de Salud, 32 ciclistas son hospitalizados cada día en Brasil víctimas de accidentes de tráfico, muchos de ellos incluso circulando por las ciclovías.

Las estadísticas oficiales muestran además que 1.357 ciclistas murieron en 2014 en las carreteras del gigante sudamericano, por las 1.348 que se registraron en 2013, que son los dos últimos años para los que se tienen datos definitivos.

La ciclista Sara Francine Teixeira, que participa por primera vez en el evento, recorre 22 kilómetros sobre dos ruedas todos los días y hoy se desnuda para mostrar su “fragilidad” y evidenciar cómo su “cuerpo está expuesto todo el tiempo” cada vez que pedalea por la carretera.

Para esta joven, de 27 años, el acto tiene un significado aún más reivindicativo por el acoso que sufre encima de la bicicleta por parte de otros conductores por el simple hecho de ser mujer.

“Sufrimos mucho acoso. Tengo que pensar siempre la ropa que voy a usar. En verano, si voy de ‘short’, es bien aburrido porque (los conductores) incomodan y sueltan comentarios”, señala a Efe Sara, quien reconoce además que ya vivió encima de la bicicleta varias situaciones que pudieron acabar en tragedia.

En su opinión, la solución para reducir los accidentes está en “mirar al más frágil” y cuidarle y pone como ejemplo que ellos ponen su atención sobre los peatones “de una forma más cuidadosa”.

“Muchas personas están pensando solo en ellas, todo el tiempo, con estrés… hay que fomentar la movilidad en la calle, la educación vial y tener espacios para las personas”, agrega.

A diferencia de Sara, Nelson Rodríguez, de 50 años, acude a la “Pedalada Pelada” por séptima vez, ataviado con un antifaz para guardar su anonimato, con el fin de pedir “un tráfico más humanizado, menos coches y más transporte colectivo”.

“Queremos también llamar la atención porque aquí en Brasil, un país con tanta corrupción y tanta violencia, las personas se sorprenden más con nosotros desnudos que con estas otras cosas”, añade Nelson en una entrevista a Efe.

En el caso de Luis Antonio, de 43 años, puso el acento en la basura, los coches mal aparcados que a veces hay en medio de los carriles para bicicletas, al mismo tiempo que denunció a Efe a los conductores que abren las puertas de sus vehículos sin mirar.

“¡Un cuerpo desnudo tiene más impacto que un cuerpo tirado en el suelo!”, vociferó Enrique do Espíritu Santo a coro con las decenas de ciclistas que le acompañaban en esta marcha nudista, hartos todos de ver a sus compañeros perecer en una cuneta por la negligencia de otros. EFE