El paradero del monje budista Dhammachayo, en busca y captura por negarse a declarar ante la Policía por un caso de presunto blanqueo de capitales, se ha convertido en uno de los mayores misterios de Tailandia.


Desde la primera orden de arresto cursada en mayo de 2016 y tras registrar recientemente el templo donde se pensaba que estaba oculto, muchos tailandeses se preguntan dónde ha podido huir el monje fugitivo, de 72 años y enfermo de diabetes.

“No sé dónde está. La última vez que lo vi fue el pasado 22 de abril (en una ceremonia en el templo)”, explica a Efe el monje Pasura Dantamano, en una entrevista en el templo Dhammakaya, situado en la provincia de Pathum Thani, al norte de Bangkok.

Pasura, jefe de la División de Relaciones Internacionales de la Fundación Dhammakaya, asegura que el monje, abad honorario del templo, es inocente.

También que las complicaciones por la diabetes le han impedido comparecer ante el Departamento de Investigación Especial (DSI) de la Policía, que lo acusa de recibir dinero supuestamente malversado de una cooperativa financiera.

Durante meses, los monjes de Dhammakaya y sus seguidores bloquearon las entradas del templo para impedir la entrada de los agentes en busca del abad fugitivo, que no ha sido visto en público desde hace diez meses y que acumula cinco órdenes de arresto.

El pasado 16 de febrero, la junta militar tailandesa invocó el artículo 44, una orden ejecutiva que da poderes especiales a los policías y soldados, para hacerse con el control del templo y desalojarlo temporalmente.

Tras 23 días de registro, los agentes no encontraron a Dhammachayo y, aunque la orden 44 no ha sido retirada, los devotos han vuelto al templo, donde pasan la mayor parte del día entre sesiones de meditación y actividades religiosas.

Los seguidores de Dhammachayo se oponen también a que testifique ante la Policía ante el riesgo de que tenga que ingresar en prisión y abandonar el monacato, incluso antes de ser declarado culpable.

Pasura opina que el DSI debería proseguir con el caso sin tomar declaración a Dhammachayo y presentar los cargos ante la Fiscalía para el inicio del juicio.

Aunque esto impediría al abad honorario recurrir una hipotética sentencia condenatoria, Pasura está seguro de que el religioso acusado podrá demostrar su inocencia.

Los problemas legales de Dhammachayo y el templo empezaron en octubre de 2015, cuando el DSI los acusó de recibir entre 2009 y 2011 varios cheques valorados 1.055 millones de bat (unos 29 millones de euros o 28 millones de euros).

Según las investigaciones policiales, el dinero fue donado por Supachai Srisupa-aksorn, el expresidente de Klongchan Credit Union Cooperative condenado en marzo del año pasado a 16 años de cárcel por malversación.

A través de colectas entre sus fieles, el templo devolvió el dinero y la entidad retiró la denuncia, pero el DSI mantuvo las acusaciones y, desde entonces, ha presentado más cargos.

Los defensores de Dhammachayo denuncian que las autoridades sólo indagan las donaciones de Supachai a Dhammakaya, que según la investigación policial suponen una parte menor del total del dinero donado por el detenido a distintas organizaciones y fundaciones.

Dhammakaya ha sido criticado por algunos tailandeses por defender un budismo poco ortodoxo y pedir donaciones a sus fieles a cambio de garantizarles un lugar en el cielo, aunque sus responsables aseguran que siguen fielmente las escrituras budistas.

Las ordenaciones de decenas de miles de monjes organizadas periódicamente exhiben la alta disciplina y la gran capacidad movilización de este movimiento budista, conocido por la gran estupa dorada que algunos comparan con la silueta de un ovni.

El templo también ha sido relacionado políticamente con el ex primer ministro exiliado Thaksin Shinawatra, el enemigo “número uno” de la actual junta militar y de gran parte de la élite tradicional.

La presión aumenta en torno a Dhammachayo, al que el monarca tailandés, Vajiralongkorn, le retiró el título real de “Phra Thepyanmahmuni” el pasado 5 de marzo debido a sus problemas con la justicia. EFE