Los islamistas marroquíes del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) se han sometido en solo diez días a dos concesiones que para ellos eran de principio y que podrán costarles a medio y largo plazo una gran merma en su credibilidad y un castigo en votos.


Abdelilah Benkirán

Primero, su secretario general Abdelilah Benkirán, elegido por el partido el pasado año de forma incontestable como candidato a presidente, fue cesado por el rey como jefe de Gobierno tras ganar con claridad las elecciones y pasar cinco meses tratando de formar un ejecutivo sin éxito.

El segundo trago amargo lo sufrió el partido ayer, cuando el nuevo jefe de Gobierno nombrado por el rey el 17 de marzo, Saadedín Otmani (también del PJD), anunció que había alcanzado un pacto de gobierno con otros cinco partidos, incluyendo entre ellos a la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), a la que Benkirán había vetado.

El veto a la USFP no era personal, sino que Benkirán había sido explícitamente apoyado por las instancias dirigentes del partido en varias ocasiones, y ningún dirigente ha salido a explicar qué ha cambiado para convertir en socio aceptable a un partido en claro retroceso y con solo 20 diputados innecesarios para formar una mayoría estable.

“Esta coalición no es la que esperaban los marroquíes, pero es la posible, y es el mal menor”, dijo anoche de forma lapidaria Lahcen Daudi, uno de los pesos pesados del PJD, justo después de anunciarse la nueva coalición de seis partidos.

Pero tampoco Daudi explicó por qué había sido necesario para el PJD aceptar ese “mal menor”, que muchos votantes y simpatizantes del partido pueden encontrar difícil de entender.

Una de las diputadas de la formación, Amina Malainín, caracterizada por su franqueza, también fue elocuente al escribir en su cuenta de Facebook: “Estoy triste, es todo lo que puedo decir. Felicito a los que saben esconder sus sentimientos (pero) es un momento de decepción y debilidad”, remachó.

Sin embargo, la mayoría del partido ha optado por callar ante uno de los momentos más difíciles en la vida de la formación, que se produce además cuando ésta se ha mostrado electoralmente más fuerte que nunca al ir encadenando victorias en los años 2015 y 2016, sumando en cada ocasión más votos y pese al desgaste que podría suponer el ejercicio del gobierno que han encabezado (2012-2016).

Hace solo una semana, Benkirán, recién cesado por el rey, fue llevado a hombros por los suyos para presentarse ante el Consejo Nacional del PJD (especie de parlamento del partido), donde recibió sentidos aplausos de un auditorio que lo aclamó por haber mantenido su palabra en los largos meses de negociación para el gobierno.

Ayer, todo ese orgullo pareció haberse esfumado ante la evidencia de un partido obligado a comportarse como perdedor en lugar de ganador de las últimas elecciones, teniendo que aceptar una heterogénea coalición de seis partidos donde su representación se verá sin duda mermada.

El hombre que aparentemente ha humillado al PJD es Aziz Ajanuch, un millonario amigo del rey Mohamed VI y aupado hace solo cuatro meses a la cabeza del Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), partido que cuenta con menos de la tercera parte de escaños que el PJD (37 frente a 125).

Ha sido Ajanuch el que obligó a Benkirán sin éxito a tratar con cuatro partidos en bloque para formar la mayoría, y el que finalmente lo ha logrado con Otmani.

Fuentes oficiales se afanan en aclarar que en todo este pulso “no ha habido intervención del rey”, como dijeron recientemente a Efe.

El partido que domesticó al islamismo marroquí, que llamó a sus fieles a abandonar las protestas y reivindicaciones en plena primavera árabe, el partido que ha dado una y otra vez muestras de lealtad a la monarquía y a la estabilidad del régimen, tendrá difícil explicar ahora a sus bases en qué han quedado sus principios. EFE