Más de cien obras del malagueño Pablo Picasso se reúnen en Londres en la muestra "Minotauros y Matadores" que examina una doble vertiente del pintor, por un lado sus representaciones de toros y motivos de tauromaquia, su gran afición, y por otro, su obsesión con la figura mitológica del minotauro.


PICASSO, Pablo Ruiz_Corrida de toros, 1934_706 (1976.83)

En la galería Gagosian y realizada en colaboración con Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista, la exposición estará abierta al público desde el próximo 28 de abril hasta el 25 de agosto.

El comisario de la muestra, John Patrick Richardson, amigo personal de Pablo Picasso (España, 1881 – Francia, 1973) y autor de la biografía “A life of Picasso” -en la que actualmente se encuentra trabajando en su cuarto volumen- es considerado uno de los mayores expertos del artista.

Richardson explicó hoy en un encuentro con la prensa que la elección de la temática del minotauro y los matadores se debe a que se hacen muchas exposiciones sobre Picasso, pero en esta ocasión querían dotarla de “un nuevo punto de vista, centrados en un importante aspecto del artista”.

La figura del minotauro -mitad hombre, mitad toro- aparece representado en multitud de ocasiones a lo largo de toda la trayectoria artística de Picasso y es considerado su ‘álter ego’, como lo fuera el arlequín durante la época rosa.

Según el comisario, la fuerte identificación que el pintor sentía por este animal imaginario viene determinado por su parecido a la figura del toro y su relación con la cultura española.

Tal y como afirmó el propio Picasso, el minotauro es la línea que conecta los diversos itinerarios recorridos por él a lo largo de los años.

El monstruo refleja a lo largo de la exposición diferentes estados de ánimo y roles del artista en obras, muchas procedentes de colecciones privadas, que abarcan desde 1889 hasta 1971.

Por ejemplo, en el cuadro “Minotaure dans une barque sauvant une femme” (1937) presenta a la bestia como héroe salvando a una mujer de la aguas, mientras que en “Barque de naidades et faune blessé”, de ese mismo año, el minotauro aparece abatido en el suelo con flechas en su espalda.

Los ocho grabados que conforman la serie “Minotauromaquia” (1935) forman uno de los principales atractivos de la recopilación, pues es considerado el antecedente más directo del “Guernica” (1937).

En ellos se puede ver a un minotauro, un caballo herido, una mujer torero, una niña, un hombre que trepa una escalera y unas jóvenes asomadas a una ventana, un conjunto iconográfico de ardua lectura que ha estado sujeto a diferentes interpretaciones a lo largo del tiempo.

La gran devoción que a lo largo de toda su vida sintió el andaluz por el toro y las corridas queda patente en la otra vertiente de la muestra, en la que matadores, banderilleros, caballos y toros son representados asiduamente, desde sus primeros dibujos de niño hasta sus últimos trazos al final de su trayectoria.

Pinturas, esculturas, grabados, dibujos o cerámicas, Picasso representó al toro en casi todos los formatos posibles, recogidos en la muestra y entre los que destaca la icónica escultura “Cabeza de toro” (1942), realizada con un sillín y un manillar de bicicleta.

Bernard Ruiz-Picasso explicó a la prensa que su abuelo “buceaba en la naturaleza humana a través de múltiples facetas” y que la exposición busca reflejar eso.

Por su parte, el comisario destacó la maestría con la que Picasso reflejó en sus obras la tragedia, especialmente a lo largo de los años treinta.

“A través de las imágenes que representa te das cuenta de que algo está pasando”, sostuvo. EFE