Autocrítica lúcida y feroz sobre "el ser paraguayo" de la licenciada Biera Cubilla para Ñanduti Digital.


“No hay cambio sin sueño y no hay sueño sin esperanza.”

Paulo Freire

El tercermundismo no es una cualidad geográfica, es una frontera sociocultural trazada por el mismo hombre, según Alburquerque, G. (2013): “El concepto Tercer Mundo nació en Francia a inicios de los 1950, con la función de designar un objeto de interés, estudio y preocupación: los países pobres, o subdesarrollados, o en todo caso distintos a los países materialmente avanzados del centro. Cuando los países del Tercer Mundo – el objeto de estudio – se apropiaron del concepto, éste pasó a ser un sujeto, gestándose una identidad tercermundista que se insertó en la conciencia de los pueblos pauperizados – o al menos de sus élites intelectuales.”

Esta cualidad que nos autoimponemos nos confiere ese sentimiento de auto compasión, el bien gastado “aichenjaraguismo” que justifica todas las limitaciones bajo las cuales excusamos nuestra realidad por lo que hacemos o dejamos de hacer.

Muchas veces se quiere justificar una acción errada (por hecho u omisión) alegando “ignorancia”. Si buscamos dicho vocablo en el diccionario nos topamos con la siguiente definición: “falta de conocimiento”, sin embargo, se hace difícil atribuirle esa cualidad a quien decide carecer de dicho conocimiento según cómo se le presenten las circunstancias; dejando un poco de lado el análisis semántico me referiré a un ejemplo concreto: la ventana de los vehículos para el paraguayo promedio es un buen medio para deshacerse de todo tipo de basura, desde la bolsita de polietileno de la chipa recién engullida, hasta el yuyo del tereré mañanero; pero ni bien el mismo cruza la frontera a Foz de Iguazú o Posadas, tiene a mano una bolsita en la que deshecha todo lo inútil y cuando encuentra un basurero la deposita allí, como un ser civilizado; si analizamos esta particularidad es imposible denominarla como ignorancia ni siquiera el ser ñembotavy, porque detrás de la mala acción realizada en su propio territorio, realmente no se encuentra ningún beneficio oculto, más allá de salir siempre impune ante la violación de una sarta de regulaciones.

Otro ejemplo de la misma categoría, es el de la doña que cuando llueve se toma la molestia de mojarse con tal de arrojar sus bolsas de basura al raudal, tal vez pensando que dicho deshecho tiene algún químico que permite que el mismo se desintegre en contacto con el agua, o tal vez no, con este reiterado caso me viene a la mente la frase de Hipócrates: “Si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño.”

“La diferencia entre la estupidez y la genialidad es que la genialidad tiene sus límites.” Dijo alguna vez el genio Albert Einstein y a la par cito otro ejemplo de esta actitud tercermundista que decidimos nos caracterice: Cada verano nos vemos expuestos a unas diez mil diferentes enfermedades que transmite el mosquito (favor entender la expresión como una hipérbole, gracias), que en parte es a causa de la deforestación en los bosques circundantes de países vecinos, pero que por lo general es simplemente por motivo de la gente haragana que vez tras vez genera criaderos de mosquitos en sus respectivas residencias, sí, genera.

Año tras año se realizan campañas contra el dengue, la fiebre amarilla, entre otras enfermedades que transmiten dichos insectos y la respuesta de la ciudadanía es siempre la misma: sentarse a tomar tereré bajo el mango mientras los funcionarios del Ministerio de Salud van a sus casas a limpiar sus baldíos, vaciar sus floreros, botellas y ruedas llenas de agua estancada, porque al fin y al cabo es obligación del gobierno mantener dichas casas y floreros limpios, para eso se les paga el salario… “El pueblo unido jamás será vencido”.

Junto con la facilidad de la importación de usados vía Chile, un alto porcentaje de la población pudo acceder a vehículos por precios irrisorios en comparación a comprarse un cero kilómetro de una concesionaria, es algo bueno, en parte, pero las licencias de conducir en Paraguay se venden y compran, por lo que más gente imprudente e irresponsable tiene libre tránsito, no hace falta demasiado dinero para salir a las calles con “todos los documentos en orden”, puedo dar fe de ello ya que cuando saqué por primera vez la mía, me ofrecieron no hacer ninguna cola ni examen, más allá de posar para la cámara, por una suma de setenta mil guaraníes; por suerte yo me tomé la molestia de aprender a conducir y saber las reglas de tránsito antes de sacar mi registro, pero no todos realizan ese esfuerzo; el punto es que la gente conduce sin usar señaleros, piensa que la luz de stop alias “pica pica” (y no, no es un pokemón), significa ≪paro donde quiero y cuánto tiempo quiero para hacer mis cosas y si no te gusta “vos no sabés quién soy”≫, esa es la respuesta de todo badulaque que infringe la ley pero sabe que saldrá impune con solo hacer una llamadita.

La verdad es que es más fácil seguirle a las ovejas que andan por ahí sueltas mascando pasto porque esforzarse en un lugar sin control, sin castigos, sin multas ni disciplina parece ser hasta casi antinatural, para qué respetar si nadie me va a ver o controlar o cobrar, sin embargo, estas situaciones generan cada día accidentes, contaminación, muertes, entre otros y ¿para qué?, para nada útil.

Es increíble cómo al cruzar la frontera nos ajustamos la corbata al cuello y nos comportamos de manera presentable, ¿acaso nuestra patria no merece el mismo respeto? Probablemente no, si nosotros mismos no nos respetamos menos respetaremos al resto.

Elegimos candidatos para puestos bastante delicados (en poder de decisión y manejo de divisas) solo por el color, no exigimos demasiado, ni formación, ni carrera ni una vida remotamente ordenada, solo queremos que suba nuestro candidato porque “es calidad”, “es churro”, “le va a conseguir a mi hijo para su trabajo”, entre otras justificaciones inverosímiles, y así nos va, el zoquetero de turno se mofa del resto y el resto le envidia, porque la realidad es que nadie es honesto, y el que sube roba todo lo que pueda en vez de hacer algo útil por el país.

Pero el punto no es lo que hacen o dejan de hacer los políticos, el punto es lo que nosotros como ciudadanos hacemos en el día a día, orinando en las calles, pagando cuidacoches, resignándonos con nuestra realidad, evadiendo impuestos y sacando provecho de cada situación que podamos, y luego nos quejamos de quienes nos gobiernan cuando fuimos nosotros quienes los pusimos ahí a cambio de algún vaka’i, y no, no solo un color es corrupto, todos los son, de derecha y de izquierda, partidos tradicionales y nuevos, y acá estamos complacidos comiendo en la cloaca que nos rodea, complacidos en la cloaca porque cuando nos acostumbramos ya no diferenciamos el jazmín Paraguay de las fétidas heces.

Vivimos en un país de territorio no muy vasto y de una población reducida en comparación con otros países, poseemos mucha riqueza natural y otras tantas construidas por el hombre, sin embargo estamos en el día a día desbaratando nuestros vehículos con los baches que sorteamos y en la zona más top de la ciudad de Asunción corren eternamente aguas negras, solo para graficar esta situación: apartamentos de un millón de dólares con cloaca frente a sus respectivos edificios inteligentes y da igual de qué línea política sea el intendente, el que sube promete en su campaña para luego, por casi un lustro, fingir demencia y sufrir de pérdida de memoria temporal.

Tenemos aún la mentalidad de que la educación privada es mejor que la pública “porque se paga y se paga caro, el libro de Santillana me sale cien mil” y no, no tiene nada que ver. En los países desarrollados no hay necesidad, a no ser por gusto o capricho, de ubicar a los hijos en instituciones privadas esperando mejor calidad, porque en realidad la pública provee un alto nivel en educación y de manera gratuita. Y claro, todo es culpa del gobierno, pero cuando ningún docente puede aprobar un simple examen para obtener cátedras, ¿culpa de quién es?

La realidad de muchos de nuestros niños es que no pueden aprender con el estómago vacío, el gobierno como parte de su ayuda social provee de ciertos recursos alimenticios a los mismos y ¿qué hacen muchas “maestras”? Roban el desayuno escolar de un niño desnutrido para seguir agregándole calorías a su obesidad.

Hace poco tiempo tuve el placer y privilegio de asistir a un seminario gratuito (sí, si uno quiere actualizarse hay charlas, seminarios y cursos gratuitos en Paraguay para todos), llamado “Transformar la institución educativa: La mirada, el espacio, los vínculos” durante el cual la Lic. Diana Serafini hace mención de cómo llevó a cabo un proyecto educativo que presentó a la CONACYT, en el que incorporó una filosofía educativa de aula viva con aspectos de la escuela Montessori y de Raggio Emilia en una escuela comunitaria de la ciudad de Areguá llamada Kurumi arete.

La misma no contaba con recursos ilimitados pero con poco logró crear cambios radicales y positivos en el día a día de la educación de esos niños, el proyecto tuvo una duración de ocho meses y su éxito es fácil de vislumbrar, pero, ¿cómo se pueden romper los paradigmas de antaño en el sistema educativo para implementar estas innovaciones? Es casi imposible por dos motivos: uno, muchos técnicos que trabajan en el diseño del sistema educativo, sus mallas curriculares y distribución de carga horaria, jamás pusieron un pie en aula, entonces ¿cómo habrían de entender las necesidades existentes?, y dos, existe esa amenaza latente contra lo nuevo y desconocido, ya que viene una persona con ideas innovadoras queriéndonos sacar de nuestra zona de confort lo que implica que nos quiere sacar nuestro puesto de trabajo, en vez de pensar que sí, es interesante, deberíamos implementar cambios vanguardistas y deberíamos actualizarnos a pesar de haber conseguido un título universitario cuarenta años atrás y no haber vuelto a estudiar nada más.

Vivimos en un país oficialmente bilingüe y extraoficialmente multilingüe, sin embargo no logramos que nuestros niños guaraní hablantes entiendan castellano y los castellano hablantes terminan odiando a la otra lengua, porque no existe un sistema efectivo que permita el cambio de un código a otro automáticamente, por la simple razón de que se necesita una comisión experta en el tema para diseñar un plan efectivo de implementación, pero una vez más eso requiere demasiado esfuerzo.

Tenemos en nuestras manos mil problemas que requieren mil soluciones pero la pereza es más grande y robar o “joderle al prójimo” es más fácil, nos corroe la envidia cuando nos comparamos con otros países pero no somos capaces de levantarnos, sacudirnos nuestras inmundas vestimentas hediondas de conformismo y para aportar a un verdadero cambio, sin mayor beneficio que lograr un país mejor con miras más allá del lucro.

El tercermundismo es una realidad no solo económica sino que también social y hasta que no nos despabilemos, seguiremos yendo hacia abajo, porque claro está que el conformismo no trae consigo simplemente estancamiento sino que por el contrario, hundimiento y salvo esas raras excepciones de jóvenes visionarios y emprendedores a quienes felicito y admiro, el resto está ahí, haciendo nada, quejándose en las redes de lo ultrajados que están siendo sus derechos por el gobierno que ellos mismos eligieron, mientras tiran sus basuras en las calles y coimean cuando manejan bajo influencia del alcohol.

Si queremos podemos dejar de lado nuestra prepotencia y haraganería crónica, no permitir que el cretinismo sea nuestra cualidad más resaltante; precisamos menos “vos no sabés con quién te estás metiendo” y más “hoy voy a empezar a generar el cambio por mí mismo”, es un simple cambio de actitud, menos plagueo y más iniciativa, menos crítica y más apoyo, menos “ya quisiera yo…” y más “yo puedo…”, el cambio está en uno, y al estar en uno, está en todos. ¡Vamos Paraguay, que se puede!

Biera Cubilla
Licenciada en Letras