Familias de combatientes del grupo terrorista Estado Islámico (EI) que huyen de los combates deambulan por las calles de los barrios occidentales que todavía controlan los yihadistas. Sin techo y comida, piden asilo a los civiles que continúan atrapados en estas zonas.


Los vecinos consultados cuentan cómo los miembros de la organización radical abandonan ahora los hogares que arrebataron a sus dueños en el oeste de Mosul, cuando el EI imponía su ley a hierro y fuego.

Los niños y las mujeres de los integrantes del EI pasan las horas sentados en lo que queda de las calles de la urbe, pues no tienen un lugar en el que alojarse, asegura en una conversación telefónica Ziad Zohir, un habitante del barrio occidental de Al Rifai, todavía en manos del EI.

Este ciudadano vio cómo el grupo terrorista reparte arroz y lentejas a las viudas de los combatientes. Pero estas aprovechan para vender las legumbres a los habitantes de este distrito. Para comprar diez kilos de arroz, los civiles tienen que pagar unos 170 dólares.

Según su “código moral” -cuenta Zohir-, los yihadistas no pueden vender ningún alimento a los iraquíes atrapados. Pero, ante la necesidad, las familias de los terroristas que huyeron o muerto no tienen otra vía para conseguir dinero.

Zohir señala que, a partir de ahora, las familias de los yihadistas van a saber de primera mano el sufrimiento que supone dejar un techo y quedarse en la calle, en referencia a lo que vivieron los habitantes de Mosul cuando las huestes de Abu Bakr al Bagdadi conquistaron Mosul en junio de 2014.

Esta desesperación también dibujó un escenario que hace unos meses no se podía imaginar en Mosul: los yihadistas piden a los civiles que alojen a sus familias en sus casas.

Así lo cuenta una residente del barrio de Al Nayar, identificada como Um Ali, que relata que en una ocasión un yihadista le dijo en la puerta de su hogar: “Hermana, esta es mi familia y quiero que me ayudes a hospedarlos en tu casa”.

Armado y con barba larga iba acompañado de dos mujeres, que no se cubrían el rostro, y de varios niños. Todos pertenecían al grupo terrorista.

Um Ali explica que se sorprendió por la petición de este combatiente ya que “el EI no pide permiso para entrar a las casas”, sino que directamente las ocupan y expulsan a las familias.

Recuerda cómo vio “la humillación en su rostro y en el de su familia” y que, a pesar de ello, les contestó que no había suficiente espacio en su casa.

Ante la negativa y para sorpresa de Um Ali, el hombre se dio la vuelta y se fue en silencio.

Sin embargo, Muaid Hazem, un habitante del barrio 17 Taimuz, que también está bajo el yugo de los yihadistas, indica que los del EI continúan cometiendo crímenes, y evoca el asesinato en su barrio de cuatro jóvenes que los terroristas acusaron de cooperar con las fuerzas iraquíes y de filtrar información a la coalición internacional, liderada por Estados Unidos.

Por su parte, el jefe del Comité de Seguridad de la provincia de Nínive -cuya capital es Mosul-, Ibrahim al Bayati, adujo que la gran mayoría de los extremistas y de sus parientes ya están registrados, y que tienen sus fotos para detectar a aquellos que intentan huir e infiltrarse entre los civiles desplazados.

La Inteligencia iraquí, añade, descubrió cómo un gran número de familias de los terroristas han ocupado casas de iraquíes que se encuentran atrapados en Mosul, tras verse acorralados por las unidades castrenses.

En un tono optimista, asegura que las fuerzas iraquíes ya han controlado y aislado la mayoría de los barrios residenciales de la parte occidental de la urbe iraquí. Y es que, según Al Bayati, los miembros del EI tienen ahora solo dos salidas: la retirada o la muerte. EFE