A cinco años de la masacre hoy solo quedan pedazos de aquel conflicto en medio de un mar de soja. A pesar de eso, las víctimas y sus familiares trabajan para fortalecer el asentamiento: construyeron una escuela, un almacén comunitario, un lugar para las reuniones semanales de la comunidad y una especie de iglesia al aire libre. Nanduti Digital estuvo ahí.


Martina Paredes, hermana de dos de los campesinos asesinados, habló con Ñandutí Digital de lo que le genera el recuerdo de aquella masacre.