La única verdad en el discurso sojero es que el impuesto se trasladará a todos los productores, sean estos grandes empresarios o pequeños productores.


Por Jorge Villalba Digalo

Luego de haber investigado, escrito y hablado por casi 25 años sobre la necesidad del impuesto a la soja, puedo decirles que el no al impuesto a la soja se basa en una sola verdad y un centenar de mentiras. La única verdad en el discurso sojero es que el impuesto se trasladará a todos los productores, sean estos grandes empresarios o pequeños productores.
Pero, negarse al impuesto a la soja porque se perjudicará a los pequeños productores es como decir no vamos a construir Itaipú y Yacyretá porque quebrarín las fábricas de vela. Tenemos que construir Itaipú y compensar generosamente a los veleros. Así como se hizo con Yacyretá, que se construyó a pesar de que algunos miles de compatriotas vieron sus casas inundarse. Se hizo la represa y se les entregó casas incluso de mayor calidad. Así se debe obrar hoy con el impuesto a la soja que traerá beneficios para todos.
El impuesto a la soja aumentará la recaudación fiscal porque no se puede evadir y porque el MInisterio de Hacienda ya no podrá desentenderse de recaudar, porque que bastará con controlar a media docena de empresas agroexportadoras y una decena de grandes puertos exportadores de granos. Además, el impuesto a la exportación bajará los precios internos de la soja y alentará la industrialización y el consumo. Todos los derivados de soja incluso la carne de ganado mayor y menor, bajarán de precio alentando el consumo ya que bajarán los costos de alimentar el ganado con balanceado elaborado con soja.

 
El impuesto a la soja disminuirá la rentabilidad de exportar soja en bruto, pero aumentará la rentabilidad de exportar productos industrializados. Por lo que los sojeros tendrán la posibilidad de ganar más dinero, pero creando fuentes de trabajo y no destruyéndolos y evadiendo, como hasta ahora.

 
Esta no es una propuesta socialista, ni por asomo, es una propuesta capitalista, de desarrollo de las fuerzas productivas. Se propone saltar de la economía feudal a una economía capitalista. De eso se trata.