El ingeniero Ricardo Canese opina en este artículo exclusivo para Nanduti Digital sobre el acuerdo entre Mauricio Macri y Horacio Cartes sobre Yacyretá.


El gobierno de Horacio Cartes acordó con su similar de Mauricio Macri llamar a licitación para construir la central hidroeléctrica del brazo Aña Cua, en el marco de la represa de Yacyretá. Cartes desoyó, así, la recomendación de la mayoría de los técnicos del país que ha opinado profusamente que el Paraguay debe autorizar Aña Cua tan sólo una vez que se resuelvan satisfactoriamente todos los incumplimientos y las inequidades del tratado de Yacyretá, comenzando por la reticencia argentina a reconocer la soberanía hidroeléctrica que está establecida en el tratado, pero que la Argentina hasta ahora se niega a cumplir; precio justo por nuestra energía que va a la Argentina; deuda cero; ejecución de obras faltantes; cogestión plena y transparencia.

De hecho, al asimilarse la central hidroeléctrica del Aña Cua a Yacyretá, de entrada la soberanía hidroeléctrica paraguaya quedará cuestionada también en Aña Cua. No podremos vender sus excedentes hidroeléctricos a terceros países (Brasil pagó excelentes precios en los años 2014 y 2015, por ejemplo), lo que seguirá siendo exclusividad ilícita argentina sobre nuestra energía del complejo Yacyretá – Aña Cua. Tampoco podremos recibir un precio de mercado por la exportación de nuestros excedentes al mercado eléctrico argentino, cuando no hubiera interés de un tercer país (¿por qué la Argentina, si paga 100 en su mercado, nos pagará apenas 10 por nuestra energía de Aña Cua y de Yacyretá?). El precio justo es recibir lo que la Argentina paga en su mercado, y no un 10%, como lamentablemente ocurre hasta ahora y Cartes nada hizo en el Acta firmada con Macri.

Hay que acotar que la Argentina satisface aproximadamente las ⅔ partes de su demanda eléctrica con hidrocarburos (petróleo, gas natural) que importa, en parte, a muy alto costo y es por ello que está interesado en Aña Cua, porque le permitirá reducir, al menos en parte, su costo de generación; no tiene a corto plazo otra forma de reducirlo. El Paraguay, al autorizar la licitación de Aña Cua, pierde así su principal instrumento de presión para una justa negociación en Yacyretá.

Además de lo ya mencionado (soberanía hidroeléctrica y precio justo), el Acta de Yacyretá firmada por Macri y Cartes –y todavía no remitida al Congreso bajo modalidad diplomática para su consideración– prevé que la deuda (calculada en 4.000 millones US$) sea incorporada a la EBY, 50% paraguaya, cuando que tal deuda debería haber sido cero en el 2014, cuando terminó el Anexo C (lo mismo que en Itaipú, lo que no se discute) y, en todo caso, si alguna deuda legítima quedara, debería ser pagada por quien no la pagó (dado que en el costo del servicio, igual a la tarifa, según el tratado, se debe incluir el pago de la deuda); es decir, la deuda debería ser pagada en un 95% por la Argentina, si nos guiamos por el promedio de consumo de energía de Yacyretá desde 1994 al 2017.

Quedan más cuestiones a reclamar. El ferrocarril inundado en 1994 por Yacyretá y aún no reconstruido, así como los daños, perjuicios y lucro cesante (de gran magnitud, pues el país se quedó sin salida ferroviaria a ultramar) no reconocidos ni pagados; también hay reclamos socio ambientales de pobladores aún no atendidos. No hay cogestión plena y nuestra Contraloría no puede ingresar, como sí se autorizó en Itaipú, por lo que la transparencia es inexistente en la EBY.

¿Debería servir Aña Cua como instrumento eficaz de negociación para conseguir los derechos que nos corresponden? Por supuesto que sí. Cartes contrarió tal principio y, en cambio, priorizó los negocios que harán empresas amigas de altos funcionarios de su gobierno, y de él mismo, olvidándose de reclamar lo que nos corresponde. Lamentable.

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