¡Un estadista! Un dia como hoy, 24 de octubre de 1930, fallecía uno de los mejores presidentes de la República, José Eligio Ayala. Nació en Mbuyapey, 4 de diciembre de 1879.


 

Fue Presidente del Paraguay en dos periodos, como provisorio del 12 de abril de 1923 al 17 de marzo de 1924 y como constitucional, del 15 de agosto de 1924 al 15 de agosto de 1928. Fue autor de varios libros.
Como una manera de recordación publicamos su Mensaje al Congreso en el año 1926. Esa vez expresó:
a) “El gobierno republicano es de opinión, y en consecuencia, de libre deliberación. Por esta razón, es igualmente incompatible con el despotismo y la demagogia”.

b) “Es una aleación equilibrada entre la autoridad y la libertad. Ni la libertad ha de degenerar en la licencia, ni la autoridad en la opresión”.

c) “Este equilibrio entre la autoridad y la libertad es lo que nos ha faltado para realizar plenamente el gobierno republicano”.

d) “El gobierno republicano infunde en el pueblo la confianza en sí mismo, y esta fácilmente degenera en el menosprecio de las aptitudes, en la creencia que cualquier rabadán es apto para todo”.

e) “Muchas crisis ha sufrido y atravesado nuestra incipiente democracia. La última, de hace pocos años, ha sido la más dolorosas y funestas. Pero hemos sido los únicos en padecer dude ellas. (Se refiera a la revolución de 1922/23).

f) “El pesimismo respecto a la democracia es infundado. La democracia paraguaya ha de resistir, como ha resistido siempre, a la sugestión morbosa; a la asechanza artera”.

g) “La opinión pública es superior a los gendarmes”.

h) “El régimen de gobierno ha de ser necesariamente de opinión, en nuestros días. Nuestra democracia no necesita de los hombres providenciales y de los autócratas”.

i) “Pero sabemos por la historia que la democracia puede elevar a los pueblos a la cima de las grandezas, como sumirlos en la disolución social. Debemos organizarnos para prevenir esta degeneración”.

j) “Para que exista gobierno republicano, que es el objeto del sistema adoptado por nuestra Constitución, es preciso que haya opinión, vida pública, una conciencia ética colectiva”.
Eligio Ayala murió en un terrible incidente pasional en que estaban involucrados la señorita Hilda Diez (su sirvienta y amante) y el señor Tomás Bareiro. Existen varias versiones de lo que realmente ocurrió y según la causa penal que se tramitó ante el Juzgado del Crimen, el único testigo presencial fue la señorita Hilda, que cayó en varias contradicciones durante su declaración.

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