Hay mujeres que sueñan siempre con casarse con el príncipe. En serio y en broma siempre se escucha eso. Sin embargo, en la vida real hay código y normas que se debe cumplir dentro de una familia real. Eso describe la vida de Kate Middleton, casada con el principe Guillermo.


 

Ese cuento de hadas que nace desde que son niñas, no es tan maravilloso como se cree, pues las chicas que lograr llegar a la monarquía se deben enfrentar a un sin fin de exigencias que les guste o no, deben cumplir. Así publica RCN radio.
Kate Middleton, quien desde el año 2011 se convirtió en la duquesa de Cambridge, y que además tuvo que cambiar su nombre a Catalina, pues desde el momento en que se casó con el príncipe Guillermo, dejó de ser una ciudadana cualquiera del Estado británico, ha tenido que modificar muchos aspectos que en su vida de plebeya hacía a diario.
En temas relacionados con la sociedad, Kate tiene totalmente prohibido votar en elecciones, firmar autógrafos, postularse a cargos públicos, emitir comentarios sobre política o la iglesia, o simplemente trabajar, pues solo puede dedicarse a la beneficencia y participar en actos oficiales.

En cuanto a su aspecto físico, la esposa de Guillermo debe cumplir con ciertas reglas al pie de la letra, pues a diario está siendo examinada con una lupa. En actos protocolares solo puede llevar faldas o vestidos por debajo de sus rodilla. Tiene prohibido usar escotes, así como maquillaje muy cargado; sus labios deben ser maquillados con colores pasteles o naturales.
Asimismo pasa con sus uñas, por orden de la raina Isabel, el esmalte de color rojo está vetado en la realeza inglesa, por tal razón tanto Kate como todas las damas corona, siempre lucen sus uñas con colores claros. O sea, la vida de princesa no es tan fácil como parece.