¡Mucho cuidado con la tensión creciente entre Arabia Saudita, Irán y sus respectivos aliados en Medio Oriente! “Puede tener repercusiones extremadamente peligrosas”, advirtió la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini. El mundo mira atento lo que pasa en esa parte de la región.


 

“El nivel de confrontación en la región puede tener repercusiones extremadamente peligrosas, no solamente para la región sino también para sus aliados”, insistió la diplomática y cuyas apreciaciones se escucharon en todo el planeta.

Las agencias internacionales recogen las palabras del príncipe heredero de Arabia Saudí, quien se sumó al cruce de acusaciones con Irán, al que culpó de “agresión directa” en el marco del conflicto en Yemen.

“La implicación de Irán en la entrega de misiles a (los rebeldes yemeníes) hutíes es una agresión militar directa por el régimen iraní y podría ser considerado como un acto de guerra contra el reino”, declaró Mohamed bin Salmán, según la agencia oficial saudí SPA.

Irán reaccionó rápidamente por boca de su ministro de Relaciones Exteriores, Mohamed Javad Zarif, que calificó de “contrarias a la realidad” las afirmaciones del príncipe Mohamed.
La víspera, la Arabia Saudí sunita y el Irán chiita –los dos grandes rivales, políticos y religiosos, de Oriente Medio– ya habían intercambiado duras acusaciones respecto a Yemen, un país con una guerra interna, donde cada bando es apoyado por uno de esos dos poderosos países de la región.
La tensión volvió a subir después de que los saudíes interceptaran el sábado por la noche un misil balístico lanzado hacia el aeropuerto de Riad (Arabia) por los rebeldes chiitas hutíes, respaldados por Irán.

Riad acusó a Irán de haber proporcionado ese tipo de misiles a los rebeldes, unas declaraciones desmentidas por Teherán (Irán), que siempre ha negado ayudar a los hutíes y denunció a su vez “crímenes de guerra” de los saudíes en Yemen.

“El régimen iraní confirma una vez más su completo menosprecio por sus obligaciones internacionales”, denunció por su parte la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, en un comunicado.