Un día como hoy, 13 de noviembre de 1868, fallecía Gioachino Antonio Rossini más conocido como Gioacchino Rossini o Gioachino Rossini. Compositor italiano. Su popularidad le hizo asumir el «trono» de la ópera italiana en la estética del bel canto de principios del siglo XIX, género que realza la belleza de la línea melódica vocal sin descuidar los demás aspectos musicales.


 

Rossini falleció en Passy, cerca de París, en 1868. Mientras miles de voces entonaban la plegaria de su Moisés, fue enterrado en el parisino Cementerio del Père-Lachaise. Sus restos fueron trasladados en 1887 a Florencia, donde descansa en la basílica de la Santa Croce, junto a otras glorias de Italia: Galileo Galilei, Dante y Miguel Ángel.

Dice Wikipedia que dejó un legado monetario realmente considerable, del que destinó fondos para la creación de un asilo para músicos retirados —existente aún hoy— y otras obras de beneficencia. Había sobrevivido a muchos de sus sucesores en el trono de la ópera italiana —Vincenzo Bellini, Gaetano Donizetti, Giacomo Meyerbeer—, al tiempo que coincidió con la aparición de Giuseppe Verdi y de Richard Wagner.

Giuseppe Verdi convocó a los mejores compositores italianos a componer una misa de Réquiem en honor del Cisne de Pésaro (forma poética con la que se denomina a Rossini). Dadas las circunstancias políticas adversas, no se estrenó esa obra y Verdi usó su contribución, el «Libera me», en su propio Requiem, dedicado a Alessandro Manzoni. El director Helmuth Rilling ha exhumado y grabado la obra en la actualidad.