A un año de lo ocurrido, Yaneth Molina presenta una publicación que relata el drama sufrido tras la impactante conversación que tuvo con Miguel Alejandro Quiroga Murakami, piloto del avión.


La colombiana, con 23 años de experiencia en salas de radar le tocó vivir los últimos momentos de la tragedia del Avro RJ85 de la aerolínea boliviana LaMia, con 77 pasajeros: entre ellos, jugadores del club de fútbol brasileño Chapecoense y varios periodistas que narro  sus sensaciones al cumplirse un año de la tragedia que terminó con la vida de 71 personas.»Esto no se olvida. Es muy difícil pasar la página, y todos los días duelen las heridas que quedaron de aquella noche», afirmó

«¿Por qué esto me tocó a mí? Creo que fue una prueba de Dios», dijo Molina al evocar los tristes hechos que, a su juicio, también la convirtieron en «una víctima más» del fatídico vuelo 2933.»Quedé como en la mitad de la tragedia, porque horas después fue divulgado mi nombre, sufrí señalamientos, amenazas. Me convirtieron en centro de toda clase de hipótesis», expresó.

Comenzó a trabajar a las 18:00, tiempo en que desde de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, partía la nave al mando del capitán Miguel Quiroga. «Si pudiera volver en el tiempo, no estaría en ese turno», dijo.

Un avión debe tener combustible de reserva para llegar a un aeropuerto alterno y estar 45 minutos más en el aire. No era este el caso, pero despegó porque el piloto anunció escala a mitad del trayecto, en la ciudad boliviana de Cobija. Pero no ocurrió.

«La tripulación no me dijo nada. No entiendo por qué se quedó callada ante el grave problema que tenían. Solo más o menos dos minutos antes de la tragedia, notificó la falla total», relató.

A las 9 horas y 58 minutos de la noche se produjo la última comunicación del piloto con un pedido reiterado y desgarrador de «vectores», que son como la ruta directa para alcanzar la pista. Pero el avión ya no estaba en el radar de la torre de control.

Quiroga no respondió más a los llamados de Molina, quien calculaba en 7 minutos el tiempo que tardaría la aproximación.

«Los vectores eran el último consuelo que le quedaba al piloto, pero él no tenía radar ni navegación. Se suministran cuando se ve al avión en el radar. Yo ya no lo veía», explicó desolada.

A la medianoche, Ruschel fue rescatado. Luego Follmann, Henzel, Ximena Suárez, Tumiri y Danilo, quien falleció en el hospital.

A ellos les diría que hemos sufrido a la par todo este tiempo. Como ellos, me considero una víctima de todo este episodio que no se olvida. Los estaré acompañado siempre, de corazón», sostuvo.

Como consecuencia de las acusaciones, la presión y el espanto que la acompañaron a partir de la tragedia surgió Yo también sobreviví, un emotivo relato escrito por Carlos Acosta, su esposo.

«Dicen que hablar ayuda. Con el apoyo de la familia encontré el camino. Y el libro fue una catarsis, la forma de exorcizar todo esto. No es fácil. Cuesta pasar la página», puntualizó.EFE

 

 

Compartí: