Los proyectos presidenciales 2018/2023 tienen que consolidarse posicionando estrategías claras de qué harán con las personas que viven en el campo y trabajan en la agricultura. Hoy vemos que los pequeños labradores viven a su suerte. Los medianos se defienden como pueden. Los grandes conviven con el riesgo de la violencia en que se exponen todos. Éstos últimos precisan de garantías para trabajar, y los otros dos requieren de una política de producción agraria.


 Por Ignacio Martínez
Qué no haya tomates, cebollas y locotes en un país agrícola es grave. La democracia política es una realidad. Eso será difícil negar. El déficit es su eficiencia, dentro del cual una pata floja es la reforma agraria o el desarrollo rural, como quieran llamarlo. Somos un país agrícola, por lo que ése tema debe tener la consideración de todos quienes fungen como candidatos para los próximos cinco años.

La noticia repetidas del campo son dos: La falta de producción y lo que hace el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). En los días que vienen, los campesinos y los agricultores ganarán consideración. Es que estamos en tiempo electorales, pero luego, pasados los sugrafios, podrían quedar en la situación de siempre: nada. Más que grandes discursos y promesas hace falta iniciar un proceso serio de apoyo crediticio y técnico a miles y miles de familias abandonadas a su suerte.
Se debe hacer mucho más que el discurso hueco. Ya no hay que hablar mucho. Hoy vemos que en el campo que el que más se mueve es el EPP. Es hora que los técnicos del Ministerio de Agricultura sean los primeros en mostrar eficiencia dentro de una política estatal priorizada por el Gobierno. Deben estar al servicio; ayudando y operando con los intentendes y gobernadores para iniciar esa revolución agrícola pacífica que hace falta en todo el Paraguay.
Es tiempo de cooperatizar a los pequeños y medianos productores. La organización campesina en cooperativas hará que obtengan créditos más baratos y mejores precios de sus productos. El Gobierno, las intendencias y las gobernaciones tienen que trabajar en estrecha unión para hacer realidad la calidad de vida en el campo.
En el sector rural se tiene que crear ciudadanía. La ayuda social no pasa por colocar a los campesinos en parcelas de tierras y dejarlos tirados a su suerte. El Estado está obligado a dar asistencia en salud, educación y encaminarles a producir con excelencia en sus respectivas tierras. Somos una nación agrícola. Eso obliga al poder político a priorizar la atención a la gente del interior. La mirada meramente electoral y urbana es insuficiente. Estamos viendo su fracaso.
El desarrollo rural es atención focalizada en la construcción de escuelas, centros de salud bien completos, agua potable, camino a todos tiempo y la asistencia constante en las áreas tecnicas y crediticias. Hay que ocupar el campo con trabajo, privilegiando a las familias campesinas; de lo contrario, el EPP seguirá siendo la marca para proteger todo tipo de ilícitos por medio del chantaje, el dolor y la sangre derramada.