En las universidades enseñan que el proceso de Comunicación obliga a la participación de un emisor y el receptor. Esa tradición cambió. Las masas condicionan hoy el comportamiento de uno. No existe más la puridad entre el periodista, único que informa, y el público, que recibe el mensaje. El mundo actual impone una comunicación de la masa, donde esa sociedad global es la que comunica, en alto porcentaje y milésimas de segundos, a la persona.


Por Ignacio Martínez

 

Las redes sociales se convirtieron en emisoras de mensajes, que terminan generando un profundo desequilibrio en la rutina de la prensa tradicional. De hecho, y vale como ejemplo para afirmar el cambio, actualmente los periodistas de radio, TV y diarios vuelven a repetir sus contenidos en redes. No sólo eso, además dedican tiempo para saber la reacción de la gente. Hasta parece que interesa más lo que dice la masa de que sostuvo el medio o el periodista. ¿Quién influye en quién?

 

El periodista que cree que por tener micrófono, cámara o papel es único en el manejo de la información, está equivocado. ¡Se entierra si cree ser el gurú dentro de una profesión que está en el inicio de su metamorfosis!. El nuevo tiempo terminará por matar esos infantiles egos inflados de quienes desde la prensa se creen por encima de la sociedad. Hoy es la masa, por las redes la que comunica.

 

Ese mundo virtual de las redes es una realidad, en que conviven personas de todo el mundo. La prensa tradicional lo sabe: De hecho, hay medios impresos que ya desaparecieron. Otros se sumarán en breve. Además vemos cada segundo como grupos empresariales y periodistas terminan informándose por redes de lo que sucede en su espacio de vida y en el resto de las comunidades. ¿Cuál es la vía de comunicación entonces?

 

Hay un nuevo paradigma. Hay un nuevo canal de comunicación, dinámico y ágil. En la era de la tecnología de la información, la “audiencia” se convirtió en una retroalimentadora mediata e inmediata. El famoso emisor es uno más dentro de la aldea global. Por suerte, en medio de los cambios, el contenido, más que nunca, será necesario para marcar diferencia.

 

Aunque poderoso, el caos de Internet es frágil. A pesar de su actual éxito, nadie sabe si las redes sociales son una moda que desaparecerá tan rápido como llegó. Por de pronto, rompió ese molde tradicional del emisor y receptor pasivo. Pasó la barrera del diálogo cara a cara. Derribó el desafío de la comunicación masa a masa. Hoy, es el mundo global, ese conglomerado de usuarios el que dirige la atención hasta de la persona, que dice ser entendida en el arte profesional de la comunicación. ¿O no?