Sin duda alguna, Julio Cortázar fue uno de los escritores que revolucionó las letras hispanoamericanas desde los años 50, principalmente con sus relatos, aunque también dejó su huella en el campo de la novela y la poesía.


Nacido en un barrio de Bruselas un 26 de agosto de 1914, Cortázar retornó pronto (a los cuatro años) a la ciudad de origen de sus padres, Buenos Aires, que alojó al escritor hasta que, harto del gobierno peronista, se trasladó a París.

Estas dos ciudades, junto con otras estancias en localidades de España, se convirtieron en los lugares más importantes para el autor y donde escribió algunas de sus obras más importantes. No obstante, Cortázar terminó estableciendo su residencia en París donde moriría a los 69 años un 12 de febrero.

‘Bestiario’, ‘Final del juego’, ‘Todos los fuegos el fuego’ o ‘Queremos tanto a Glenda’ son algunos de los títulos más emblemáticos de sus recopilaciones de cuentos, que han supuesto un antes y un después para el género desde su aparición.

Pero Cortázar también dejó tras de sí una novela emblemática como ‘Rayuela’, usando los finales abiertos de capítulos para implicar al lector y la obra ‘Historia de cronopios y famas’. Incluso en la poesía, un género donde no encontró el mismo reconcimiento, aportó textos como ‘Pameos y Meopas’ o ‘Salvo el crepúsculo‘.

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LA MAGIA Y LO COTIDIANO

“Fue uno de los grandes autores que nos hizo despertar y ver la literatura de otro modo, con una reivindicación muy importante del cuento”, explica a Europa Press la escritora Soledad Puértolas, quien ha resaltado la relación “entre la magia y lo cotidiano” que desprendía la escritura de Cortázar.

“No es realismo mágico, pero la magia está ahí, en lo cotidiano y al lado del elemento de sorpresa. Se trata de la magia de los misterios de las personas, la confianza en el azar o la esperanza”, señala Puértolas.

A pesar de reconocer que en su escritura se encuentra más de otros autores como Juan Rulfo o Juan Carlos Onetti, la autora señala a ‘Final del juego’ como uno de los libros que mas le han influido de Cortázar. “Influyó mucho en el relato, nos hizo ver que no era solo costumbrista sino que también buscaba sorprender y aportar otra mirada”, apunta.

A su muerte, el autor de ‘Rayuela’ dejó más de cuatro mil volúmenes en su biblioteca personal, entre ellas algunas de sus obras tanto en castellano como traducidas a otros idiomas (a día de hoy, la Fundación Juan Macrh conserva más de 400 de sus libros).

Cortázar fue un escritor metódico que no soportaba las erratas y, de hecho, la web del Instituto Cervantes recoge muchos de sus libros que presentan algún error tipográfico corregido. Entre ellos, destacan los casos en los que se dirigía al propio escritor, como en el libro ‘Confieso que he vivido’ de Neruda: “¡Ché Otero Silva, qué manera de revisar el manuscrito, carajo”.

Fuente: Europapress