El temor es grande y la enfermedad que no cede. Y es por miedo justamente a la fiebre amarilla se desató en Rio de Janeiro una matanza de monos, que por ignorancia mucha gente los considera transmisores del virus, a pesar de ser la mejor defensa contra la enfermedad, según las autoridades. Desde inicios de año, 238 monos aparecieron muertos en este estado del sudeste de Brasil, indicaron los servicios sanitarios de la ciudad de Río.


El 69% presentaba señales de agresión humana, la mayoría de apaleamiento o envenenamiento, dice los informes internacionales. El resto pereció a causa de diferentes enfermedades, que están siendo investigadas en el laboratorio al que llegan los monos que son hallados muertos en el estado de Río, para evaluar la posible presencia de virus como el de la fiebre amarilla.

Tras el último brote de esta enfermedad, que ha causado la muerte de 25 personas en este estado desde el comienzo de año, la población empezó a buscar en masa unas vacunas que escasean y algunos se la tomaron contra los monos, en una ciudad que se entrelaza con la floresta tropical.

“La gente tiene que entender que el transmisor de la fiebre amarilla es el mosquito. El mono es una víctima”. Y, además es una “barrera natural” protección. “Si no hay monos en la naturaleza, los mosquitos buscarán al hombre para alimentarse”, explica Fabiana Lucena, jefa de la Unidad de Medicina Veterinaria Jorge Vaitsman.