Los macacos de berbería, esos monos que viven salvajes desde Gibraltar hasta los bosques del Atlas, pasando por el Rif, sufren de males tan modernos como la obesidad y los accidentes de tráfico, además de competir con las ovejas por el control del territorio.


Ahora, las autoridades marroquíes han desplegado un nuevo cuerpo de guardias forestales en los bosques de la zona de Ifrán, en el centro del país, con el fin de observar y proteger esta especie, ya que es en el Medio Atlas donde se concentra la mayor población de los 12.000 macacos que se calcula quedan en Marruecos.

Estos funcionarios, que dependen del Alto Comisionado marroquí de Agua y Bosques, estarán equipados con binoculares, cámaras, linternas y tabletas electrónicas para facilitar su misión, que comprende además la lucha contra el robo de estos populares animales.

El experto en la Asociación marroquí de Profesores de Biología en Marruecos Dris Hachimi explica que los problemas que vive el macaco de berbería derivan todos del deterioro del ecosistema donde vive este animal: los bosques de cedros, destino turístico muy popular en Marruecos.

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El hecho de que el ser humano se acerque cada vez más a este animal y se atreva a tocarlo y darle comida ha influido en su comportamiento y en sus hábitos alimenticios.

Habitualmente, los macacos de berbería comen las semillas del cedro, además de otras plantas e insectos, pero por el contacto cada vez más frecuente con los seres humanos han empezado a consumir otros alimentos como dulces, cacahuetes y pan.

Ante estos desarreglos alimentarios, se han detectado varios casos de macacos que sufren de obesidad y han visto rebajada su esperanza de vida, que normalmente está entre los 20 y los 35 años.

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En la carretera que cruza el bosque Gourou, es muy habitual que los monos, que se mueven en grupos de entre cinco y diez individuos, se acerquen a los coches para pedir comida.

Con frecuencia, no calibran el peligro del tráfico y cruzan las carreteras, siendo atropellados por los vehículos en marcha.

Y otro peligro procedente del ser humano, este ya más conocido, es su captura y su venta ilegal, en primer lugar para exportarlos, ya que cada año salen de contrabando por las fronteras entre 300 y 400 monos de esta especie, según las estimaciones de Hachimi.

Otra parte de los monos capturados son utilizados en las plazas de algunas ciudades turísticas, como la de Yamea Al Fna en Marrakech, donde es habitual que sus dueños inviten a los turistas a fotografiarse con un monito al hombro a cambio de unos euros.

Más allá del hombre, el otro gran competidor del mono es la oveja: en los bosques de Ifrán, hábitat favorito del macaco, la población de ovejas ha pasado de 200.000 cabezas de ganado en los años 70 a casi un millón actualmente.

El macaco bereber -recuerda Hachimi- pasa el 80 por ciento de su tiempo en suelo para alimentarse (el resto del tiempo sobre los árboles), por lo que el ganado les supone un competidor directo en la alimentación y en las fuentes de agua.

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La principal medida para la salvaguarda del mono es proteger su hábitat, el ecosistema del cedro, que hoy ocupa 134.000 hectáreas repartidas entre el Rif, el Alto Atlas y (principalmente) el Medio Atlas.

Marruecos ha establecido un ambicioso plan de bosques que ha logrado revertir las cifras de deforestación: si hasta el año 2000 la superficie boscosa disminuía un 1% anual, ahora está creciendo a razón de un 2% anual, lo que será benéfico para todos los animales que viven en esos bosques, según el director de Parques y Reservas Naturales en Marruecos, Zuhair Amhauech.

El Gobierno marroquí aplica actualmente un plan para la implantación de 600.000 hectáreas de arbolado entre 2015 y 2024 y de ellas un 30 por ciento estarán dedicadas al cedro.

Por su parte, el nuevo cuerpo de guardias forestales especializado en el macaco de berbería impulsará actividades de sensibilización para la población local y para los turistas, para enseñarles a tratar con los animales sin dañarlos o deteriorar su ecosistema. EFE