Al ritmo actual, 2018 cerraría con un aumento de precios récord


“Pueblo amado, te invito a hacer un acto de justicia contra la guerra económica. El 20 de mayo tengamos la más grandiosa victoria para continuar juntos la gran cruzada por la prosperidad”. La campaña presidencial prosigue en Venezuela al margen de la realidad social y con los constantes alegatos de Nicolás Maduro , como el que abre esta crónica.

Una campaña que la mayor parte del país mira de reojo mientras emplea sus energías para paliar la desmesura inflacionaria: sus inquietudes ya no son si encontrarán el alimento o producto básico buscado, sino si tendrá suficiente dinero para pagar precios millonarios por casi todos los productos.

La Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional certificó esta semana que la subida anualizada de los precios hasta abril alcanzó 13.779%. “El crecimiento de los precios en estos meses ha sido simplemente brutal. Pero esto será solo la base de partida de los crecimientos futuros, exponencialmente más altos. Si se repite un 65% mensual de inflación por 12 meses, la tasa anual superaría 160.000%”, resumió Luis Vicente León, presidente de Datanálisis.

Hasta los economistas locales fueron superados en solo tres meses por la realidad económica. Lo mismo le sucede al Fondo Monetario Internacional (FMI), que apostaba por un incremento de casi 14.000% y una caída del PBI de 15 puntos.

“Al ritmo que lleva la hiperinflación es muy probable que ya en julio ocupemos el deshonroso primer lugar que todavía ocupa Nicaragua. ¡Qué desastre macroeconómico!”, aventuró el diputado opositor José Guerra. El récord del país centroamericano data del primer periodo de administración sandinista a finales de los 80, cuando la tasa de inflación anual llegó al 23.710%. También en el siglo pasado destacaron la boliviana (11.750%), la peruana (3564%) y la argentina (1470%).

¿Y cómo viven los venezolanos semejante presión? Con vértigo, angustia y desesperación. Como Marieta García, empleada de hogar de 42 años, que vive en una de las viviendas sociales del gobierno con sus hijas y nietas y quien reconoce sin rubor, mientras planea emigrar a Colombia, que “ya hace rato no comemos carne. Por nuestro barrio cuesta 2.300.000 bolívares el kilo, es imposible”. El nuevo salario mínimo impuesto por Maduro el 1° de mayo, que recibe al menos el 50% de los empleados del país, es de 2.550.000 bolívares.

Y no solo es la carne. El famoso cartón de huevos, usado para medir la inflación, alcanza el millón y medio y el kilo de pollo, 1.100.000 bolívares. La barra de pan, que se compra tras hacer cola, cuesta 90.000 bolívares, por ahora. El kilo de queso blanco paisa, que tanto gusta a los venezolanos, está más allá de los 3 millones, y una sencilla taza de café supone un desembolso de al menos 320.000 bolívares.

Aunque parezca el guion de una película de ciencia ficción, subgénero posapocalipsis, se trata de la Venezuela revolucionaria de hoy. “El fenómeno es demoledor y exponencial. Sin cambios en el modelo que nos trajo hasta aquí, el huracán desarrollará toda su potencia”, pronostica León.

Un modelo, el chavista, que incluso aumenta la inflación con las medidas que está tomando de cara a las elecciones. “Los aumentos de salarios sin ninguna medida adicional son una gran presión en los precios. Otro elemento altamente inflacionario son los decretos de bonos”, apunta Henkel García, director de Econométrica.

El “hijo de Chávez” se escuda en la “protección del pueblo” para entregar bonos económicos a los “patriotas” (poseedores del carnet de la patria), la mayor herramienta de control social y político impuesta por la revolución en 19 años de gobierno. El último bono, para la “clase obrera” por el 1° de mayo fue de 1 millón y medio, el doble que los anteriores.

Por: Daniel Lozano, LN.ar