Sentado bajo un árbol, un ermitaño medita para conectar con el monte tailandés que mantiene en su interior a doce escolares y su monitor, entre otros ritos espirituales en favor de los atrapados practicados en la zona.


Foto: Clarín

Con susurros prácticamente inaudibles, el místico, ataviado con una piel atigrada, pide a las fuerzas de la naturaleza una tregua para poder rescatar al grupo, que se encuentra en las profundidades de una laberíntica cueva parcialmente inundada desde hace doce días.


“Pasa todo el día rezando y sin hablar con nadie, come y camina por los alrededores de una cueva”, comenta a Efe el oficial Sutisak mientras observa al asceta, apostado desde el primer día de la búsqueda en el parque natural Tham Luang Khun Nam Nang Non, en la norteña provincia de Chiang Rai.

Desde que se iniciaran las operaciones de rescate, un puñado de religiosos budistas de Tailandia y la vecina Birmania han visitado la región para dar apoyo moral a los equipos de salvamento y bendecir la misión.

En el fangoso camino de acceso a la cavidad se han colocado ofrendas florales, alimentos para los espíritus y pequeñas esculturas de devotas rezando.

El pasado viernes, un monje birmano que peregrinó a la región auguró que los menores -de entre 11 y 16 años- y el adulto -de 26-, integrantes de un equipo de fútbol, estaban vivos y que serían rescatados pronto.

Mujeres de la minoría étnica Lisu también depositaron el lunes ofrendas en forma de flores blancas a los espíritus que habitan en la montaña.

Banderas de Tailandia y de la Casa Real (en un país donde el monarca es visto como un referente moral) adornan parte del camino que lleva al campamento temporal donde médicos, militares, voluntarios y centenares de periodistas aguardan a la llegada de buenas noticias.

El grupo fue localizado la noche del lunes en una isla de terreno seco a unos 4 kilómetros dentro de la caverna y tras nueve días de intensa búsqueda en la que han participado más de 1.300 personas.

Una vez dentro de la cueva, el entrenador pidió a los niños que meditaran con el objetivo de gastar la menor cantidad de energía posible.

Visiblemente delgados, pero en buen estado anímico y de salud, los chavales reciben ahora el cuidado de una decena de militares -entre ellos un médico y un psicólogo- con complementos vitamínicos y cuidados sanitarios.

Poco a poco, el grupo recupera las fuerzas para la segunda fase de la misión: la salida de la cueva.

Según los expertos, el único camino es buceando a través de los túneles subterráneos inundados.

Para ello el grupo ha comenzado un curso intensivo de buceo y natación.

“Saldrán cuando sea seguro (…) Los sacaremos uno a uno, primero los que se encuentren en mejores condiciones”, declaró a los medios el Narongsak Osotthanakorn, gobernador de Chiang Rai.

Las autoridades estudian con detenimiento las proyecciones meteorológicas con miedo a que entre un temporal de lluvia, que según los expertos podría llegar mañana a la región.

De comenzar las precipitaciones parte del duro trabajo realizado por los miembros de salvamento para drenar los pasadizos quedaría anulado.

Según la versión oficial, los trece se internaron en las galerías el pasado sábado 23 de junio tras un entrenamiento de fútbol cuando una súbita tormenta comenzó a inundar la cavidad y les cortó la salida. EFE